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miércoles, 2 de enero de 2013

Los juguetes de Katsuo - Episodio XXXIII

Hola a todos:

Comparto con ustedes el primer episodio del año 2013. Es posible que para el próximo deban esperar más de una semana, ya que necesito releer toda la historia y adelantarla un poco más antes de seguir publicando. No quiero que queden cabos sueltos o temas inconclusos. Mientras tanto, esperamos a que los nuevos lectores se pongan al día. 


Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados - All rights reserved)

"Los presentes quedaron impactados por la información recibida. No comprendían la razón de realizar un ataque a un empleado del hotel cuando no estaba en su puesto de trabajo. Ninguno de los presentes conocía la visita que Sandro había hecho al galpón de la calle Ruggieri, sin el consentimiento de su jefe y sus compañeros.
—Gregorio necesito que tus hombres vayan a la zona que indiquen los alemanes. Mientras tanto mis empleados ocuparan sus puestos en el hotel y quedarán a la espera de novedades –comentó Justino con su rostro agobiado por las preocupaciones y el cansancio.
Bermúdez indicó a los empleados de C.E.S. que fueran con los hermanos Schulze y una vez que tuvieran la información necesaria, comenzaran la búsqueda con mucha precaución. Aún desconocían los motivos del ataque y no podían estar seguros de las condiciones en las que se encontraba Sandro.
Cada uno de los allí reunidos abandonó la mesa y volvió a sus ocupaciones. Lucas se despidió de Agustina en el pasillo prometiéndole que la mantendría informada sin importar la hora que fuera. Luego, Agus acompañó a su padre al dormitorio y le colocó la manta relajante encima de la cama para que lo ayudara a descansar. Se quedó sentada en la silla ubicada al lado de la ventana mientras esperaba que Justino se durmiera; su padre necesitaba con urgencia recuperar energías y tranquilizarse para poder tomar las decisiones correctas en el hotel.
Sin darse cuenta, Agus se quedó dormida en la silla. Cuando su brazo laxo resbaló y golpeó contra la mesa que estaba al costado, se despertó con un improperio debido al dolor y al sobresalto. Se frotó la zona magullada y sin hacer ruido abandonó la habitación. Cuando estuvo acostada en su mullida cama, intentó comunicarse con Lucas. Había pasado más de una hora y no había recibido noticias de la búsqueda. El intercomunicador percibía interferencias y no le permitía entablar la conexión. A pesar de lo preocupada que estaba no pudo luchar contra el cansancio y se quedó profundamente dormida.

Mientras tanto Sandro había logrado escapar del galpón abandonado y, a pesar de lo desorientado que se sentía, decidió caminar y buscar un medio para comunicarse con el hotel “Ragguardevole”. Estaba preocupado por su situación y porque desconocía el tiempo que había permanecido desmayado, y peor aún, no recordaba nada posterior a su salida del hotel en la tarde del sábado. No sabía si había sido atacado en la calle o en su casa, ni cuántas personas lo habían abordado, ni cómo lucían o que tono de voz tenían. Estaba desorientado y se sentía vulnerable, nunca antes lo habían atacado sin que él se defendiera con éxito. Tal vez estaba poniéndose viejo para este trabajo. Iba ensimismado en sus pensamientos, pero a la vez prestaba atención a los carteles indicadores de las calles y zonas que transitaba. No podía caminar deprisa debido al dolor en sus piernas, pero al menos había logrado alejarse del sitio donde lo habían encerrado. Tenía la esperanza de que alguien lo socorriera, a pesar de que rara vez alguien tuviera el arrojo de acercarse a un desconocido en el medio de la noche.

Lucas y sus empleados, luego de recoger la información, comenzaron a recorrer las calles la Ciudad de Buenos Aires dentro de la zona que demarcaron previamente. Transcurridos setenta minutos de búsqueda exhaustiva, uno de los móviles de C.E.S. divisó a un hombre que renqueaba y tenía las características físicas de Sandro. Cuando estuvieron seguros que era él y que nadie lo seguía, detuvieron la marcha.
Sandro observó con cautela, frenó en seco su andar y comenzó a retroceder,  temía que fueran malvivientes que secuestraban personas, el barrio donde se encontraba era una zona peligrosa y carente de seguridad. Marcos González notó el miedo en la actitud del guardaespaldas y bajó rápido de la camioneta para detenerlo antes de que echara a correr.
—Sandro, espera. Somos de C.E.S. Ferrari nos envió.
A la sola mención del apellido de su jefe, Sandro respiró aliviado y se acercó al joven diciendo: —Al fin estoy a salvo. Necesito hablar con el señor Justino. No recuerdo nada… -puntualizó con pena Sandro.
—No te preocupes. Lo importante es que estás vivo. Sube, hace mucho frío y necesitas ver a un médico.
No bien se pusieron en marcha, Marcos comunicó a los demás que Sandro estaba con ellos a salvo."

Espero que hayan disfrutado de la lectura.
Cuando quieran dejen sus comentarios y cuéntenme qué opinión les merece la novela hasta el momento. También pueden enviarme un mail a dollygerasol@gmail.com con sus sugerencias.
Saludos a todos.
                                                                                                                    Dolly Gerasol