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viernes, 23 de diciembre de 2011

Relato navideño 2011

Hola a todos:

Estamos en la previa al día de Noche Buena y les traigo un relato acorde con esta especial época del año. Para crearlo me adecué a las bases del proyecto de diciembre del grupo Adictos a la Escritura, que este mes se llama: Versionando la Navidad (hay total libertad para escribir el relato en cuanto a estilo y género, lo único a lo que tendréis que ceñiros es a la temática, que gira en torno a la Navidad. Hacerlo más o menos navideño es a gusto del consumidor, pero recordad que de alguna forma la Navidad tiene que estar presente en el relato).
Espero les guste.

UNA MARAVILLOSA NAVIDAD


La semana previa a la Noche Buena es enérgica y desgastante. Es una fecha en la que la gente se desespera por hacer las compras navideñas, ya sea para terminar de armar el árbol y las decoraciones de Navidad o, para elegir los obsequios que Papá Noel traerá a los más pequeños en su trineo. A mí me gusta adquirir todo lo necesario con antelación, es decir, quince días antes de la fecha en cuestión. Así puedo elegir tranquila lo que necesito, sin recibir empujones o indirectas para que acelere mi decisión. Por lo tanto, para mí, la semana anterior a Noche Buena, el centro de la ciudad no existe. No tengo necesidad de aventurarme a navegar en el mar de personas y autos descontrolados congregados allí. 
Mi negocio de artesanías se encuentra en un barrio residencial, a unas diez cuadras de la plaza céntrica, por lo que mi clientela no es tan estresante ni demandante. Las personas que habitualmente hacen sus compras en “Brunelle”, lo hacen con calma, apreciando y eligiendo sin prisa entre la variedad de mercadería exhibida en los escaparates. Ninguna de ellas se lleva algo sin realmente quererlo o necesitarlo. Lo he comprobado con el paso de los años y me halaga que sea de esa manera. Me quedo contenta porque sé que mis productos seguirán siendo importantes para esas personas a pesar del paso del tiempo.
Como no ando a las corridas dedico esa semana a preparar y entregar las tarjetas navideñas a los clientes más fieles a mi negocio. Me gusta tomarme el tiempo para personalizarlas, así siento que les expreso un sincero agradecimiento por confiar sus compras en mi local. En este momento estoy terminando de armar la que voy a obsequiarle a la señora Márquez.
La campanilla de la entrada tintinea avisándome que alguien acaba de ingresar a mi tienda. Apartándome de mi tarea me dirijo hacia el hombre que está frente al estante de los adornos navideños elaborados en madera. — ¡Buenos días! ¿Puedo ayudarlo en algo?— digo con mi característica voz suave y musical.
— ¡Hola! ¿Eres Agustina?— me pregunta sin dejar de observar las artesanías.
Intentó mantener el tono de voz usado anteriormente, para que no note que me he sorprendido con su pregunta, y respondo: —Sí, ese es mi nombre. ¿Lo conozco?— Observo su perfil bronceado y su cabello castaño rojizo ondulado, pero no alcanzo a reconocerlo.
Se da vuelta en mi dirección y me regala una hermosa sonrisa, que también se refleja en sus seductores ojos marrones, al tiempo que dice: —Supuse que no ibas a reconocerme. Éramos niños la última vez que nos vimos. — Me habla con una familiaridad que hace que me sienta culpable por no saber de quién se trata.
Sigo observándolo, quedándome muda ante su belleza y calidez. Vuelve a dirigirse a mí intentado no reírse a carcajadas, está notando mi perplejidad. Los engranajes de mi memoria se activan a la velocidad de la luz y lo recuerdo. Mi amigo de correrías, mi compañero de aventuras, mi confidente. Juntos pasábamos las tardes de verano en la piscina de su abuela o en el amplio jardín de la casa de mis padres. El resto del año nos llamábamos por teléfono o nos escribíamos cartas porque él vivía en el sur del país, a más de 1300 kilómetros de mi ciudad. Hacía más de once años que no nos veíamos ni contactábamos, desde que su abuela Ruth falleció.
Me doy cuenta que estoy quedando como una boba a tiempo para responderle: —¡Jonathan!-
Mi brusca reacción lo sorprende y se aleja instintivamente hacia atrás, parece que lo he asustado. Ahora la que está por prorrumpir en carcajadas soy yo. Me siento feliz de volver a verlo, como no voy a estarlo si nunca he dejado de amarlo y esperarlo.
—Te he reconocido, aunque me costó al principio. Ya no eres un niño. — le digo sonriendo de oreja a oreja.
De pronto su expresión se torna seria y me dice: —Tú tampoco eres una niña. Te has convertido en una hermosa mujer. — Su mirada parece irradiar calor y me siento confundida por lo que dice.
Los nervios hacen que me ría y le propine un suave empujón en el hombro como para salir de la embarazosa situación. —Oye, Jonny. Déjate de tonterías y cuéntame que te trae nuevamente por aquí. —
Él reacciona y deja de mirarme como si fuera a devorarme en pocos minutos y, me explica en un tono pausado y calmo: -Tu madre me dijo que te podía encontrar acá. Me gusta tu negocio, tiene mucho de ti. Me mudé a la casa que heredé de mi abuela. Llegué hace una hora.-
Me sorprende mucho la novedad y me quedo sin palabras por un breve instante. Luego expreso mi incredulidad: —Me parece increíble verte de nuevo y más aún saber que volveremos a ser vecinos como en la infancia. Recién llegas y vienes a buscarme a mí. ¿Qué te pasa?— Siempre hubo mucha confianza entre nosotros por eso me atrevo a hablarle en ese tono, aunque hayan pasado tantos años. Es que no puedo creer que me busque a mí a una hora de su llegada. “¿Qué hizo? ¿Tiró sus maletas en el suelo y fue a mi casa a buscarme? No puedo creerlo”.
—Sabes, Agus. La razón por la que volví eres tú…— al ver el cambio en mi semblante agrega. —No quiero asustarte, cambia la cara de pasmo que tienes. — Sonríe tan dulcemente que siento que mis piernas se aflojan.
—Es que… ¿Quieres matarme de un infarto? Hace más de diez años que no se nada de ti. No sólo reapareces para mudarte al lado de mi casa, sino que además me confiesas que has vuelto por mí… ¿Qué cara quieres que ponga?— Creo que estoy usando un tono de voz un tanto duro, pero es que estoy pasmada.
Se acerca a mí sigilosamente sin apartar sus ojos de los míos, me toma de las manos y me explica: —Agus, siempre estuve enamorado de ti. Tus padres me han mantenido al tanto de tu vida desde que me fui. No te enfades con ellos, aceptaron mi propuesta porque creyeron en mí y sabían que era mejor que tú no supieras nada de mi regreso antes. —
Me aparto bruscamente de su lado ante su confesión. De pronto siento un terrible enfado hacia mis progenitores, ya que ellos saben lo que sufrí cuando dejé de tener noticias de Jonathan. Y saben también que lo amo en silencio desde pequeña. Ahora entiendo porque nunca renegaron de mi amor hacia él, pero no soporto el hecho de que me hayan ocultado todos estos años que él no me ha olvidado y más aún, que me ama. Las lágrimas escapan de mis ojos dejando una gruesa huella salada en mis mejillas. Él también está llorando. Todo es tan absurdo y a su vez tan mágico… Solamente en esta época del año pueden suceder milagros como este. El hombre que amo desde hace años regresa a mi vida para corresponder mi amor.
Instintivamente nos sincronizamos y corremos a abrazarnos y besarnos con pasión, para recuperar todo el tiempo perdido. Cuando logramos zafarnos y tomar un respiro le digo:
—Me debes una explicación. Y tendrás que defender a tus cómplices porque les espera una fuerte reprimenda de mi parte. —
—No te preocupes, mi amor. Gracias a ellos estoy de regreso, los defenderé de mi adorable fierecilla con mucho gusto. — contesta con una pícara mueca.
—Será la Navidad más maravillosa que haya tenido en toda mi vida. Te tengo a ti, a mis padres, mi negocio... Ahora soy completamente feliz. —
—Ambos lo somos, Agus. — La mirada que me dirige expresa más que mil palabras.
Volvemos a besarnos pero no sin antes colocar el cartel de “cerrado” en el frente de mi tienda. Creo que mis clientes tendrán que esperar hasta mañana para hacer sus compras.


Saludos a todos.
                                                                                                           Dolly Gerasol