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miércoles, 24 de octubre de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio XXVI

Hola a todos:

Nuevamente comparto con ustedes otro episodio de mi querida novela, para que sigan disfrutando de esta atrapante historia.



Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados - All rights reserved)

Episodio XXVI

"El gran día de la Exposición Internacional de Juguetes llegó. Los empleados del hotel “Ragguardevole”, desde muy temprano en la mañana, comenzaron a armar los stands de cada una de las empresas expositoras. Con ayuda de herramientas electrónicas y mecanizadas de última generación, en tres horas acabarían de preparar todo lo necesario para que los juguetes pudieran ser colocados en estantes, vitrinas y mesas de modernos diseños, y de este modo ser apreciados por los visitantes. Las tareas de decoración y armado de los stands estaban rodeadas de colorido y música. Cuando Agus llegó al salón de fiestas, colindante con el edificio principal del hotel, se maravilló ante tanto despliegue de armazones de metal, luces, cartelería, amoblamiento, personas que iban y venían, subían y bajaban de elevadores y escaleras. Lo que más la sorprendió fue la sonrisa que lucían las caras que cruzaba y los saludos cargados de  entusiasmo. “Me parece que no sólo a los niños y jóvenes nos gustan los juguetes. Quiero verle la cara a papá cuando vea todo esto”, pensó Agus mientras buscaba con la mirada a su padre.
Alguien se acercó por detrás de la joven y la sorprendió diciendo: —Buenos días, señorita Ferrari. Necesito que me acompañe al sector de seguridad.
Agustina giró sobre sus talones y enfrentó a un par de ojos almendrados que la miraban con picardía: — ¡Cuánto formalismo! ¿Desde cuándo me tratas de “señorita Ferrari”? Siempre fuiste un caradura… -comentó Agus con fingida ironía, mientras era escoltada por Pablo Longhini a la oficina de seguridad.
—Desde que eres la novia del gerente de C.E.S. No querrás que enfade a Seagal, ¿o sí? –replicó Pablo, achicando los ojos para evaluar a la joven.
—Mejor comportate conmigo porque yo misma me encargaré de ponerte los puntos –ordenó sonriendo y dándole una palmada en el hombro.
A Lucas no le pasó desapercibido el ambiente cómodo y divertido que compartían Agustina y Pablo. El muchacho era más joven que él y a pesar de parecer desfachatado e irresponsable, cumplía muy bien su trabajo en el hotel, además era inteligente y decidido. Una sensación desconocida lo invadió y dedujo que serían celos lo que sentía en ese instante. Con semblante serio recibió a la sonriente Agustina y su mirada tormentosa la paralizó por unos segundos, no así a Pablo que pasó por alto el tosco recibimiento y continuó su camino sonriendo con satisfacción (intuía que Lucas estaba celoso).
— ¡Buen día! ¿A qué se debe tanta seriedad, señor Seagal? –preguntó Agus en el tono más despreocupado e irónico que pudo expresar.
—Es un día importante y hay mucho trabajo por hacer. Necesito pedirte un favor, por eso mandé llamarte –explicó Lucas en el mismo tono que utilizaba para hablar con los integrantes de su staff.
—Tu mal humor no va a arruinar este maravilloso día, así que… te escucho… -dijo Agus sin apartar sus ojos verdes de su novio y cruzandose de brazos en señal de impaciencia.
—Quiero que filmes el stand de Tanaka, a él y a sus acompañantes. Colocaré un minúsculo dispositivo en tu campera. En cuanto entre en contacto con ella adquirirá el color exacto de la prenda y se confundirá con la tela. Nadie notará lo que estás haciendo –explicó Lucas mientras la tomaba del brazo y la instaba a ocultarse dentro de la cabina de control para que nadie los viera.
Agustina estaba muy ilusionada con la misión que tenía que realizar, por un momento dejó de observar a Lucas y escuchó con atención las explicaciones. Lo dejó hacer y cuando la diminuta cámara estuvo en su sitio, dijo: —Lucas… Cumpliré con mi misión lo mejor que pueda.
—No demores más de lo necesario, no quiero que sospechen que estás trabajando para la seguridad del hotel o como espía empresarial.
Agustina asintió y salió del pequeño recinto. Antes que ella se alejara un metro de la salida, Lucas la tomó por detrás de la cintura y le susurró al oído: —No me gusta el modo en que te mira Pablo Longhini. ¿Crees que deba dejarle bien en claro quién es tu novio?
Las piernas de Agus flaquearon al sentir sus labios y su cálido aliento en el oído. No le gustaba sentirse la posesión de nadie, pero le agradaba que Lucas la quisiera sólo para él.
—No te preocupes, bonito. Pablo ya lo tiene bien claro. Pero si quieres dejarme claro a mí, que eres mi novio, espero las pruebas… –respondió desafiante y seductora.
Lucas ante la provocación, la giró en sus brazos y la besó con urgencia y profundidad. Cuando Agus se libró con torpeza de su abrazo y se perdió entre la gente, Lucas pensó: “No veo la hora que termine todo esto para fundirme en tu cuerpo, preciosa”.
— ¡Seagal! ¡Seagal! Marcos González lo necesita para concretar algunos ajustes del detector de entrada de los juguetes –dijo con urgencia uno de los empleados de Ferrari.
Una vez sumergido en sus tareas, Lucas logró contener y apaciguar sus instintos amorosos. El resto del día apenas tuvo minutos libres para pensar en Agustina o en alguna otra cosa que no fuera la seguridad de las personas que estaban dentro y en los alrededores del salón donde se desarrollaba la Exposición."

¡Gracias por leer y comentar! :-)
Saludos a todos. 
                                                                                                                Dolly Gerasol

miércoles, 10 de octubre de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio XXV

Hola a todos:

El nuevo episodio de la semana llega con unas horitas de retraso, pero acá está... ¡Qué lo disfruten!



Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados - All rights reserved)

Episodio XXV

"Al escuchar voces y ruidos en el pasillo, Geisha quedó oculta entre la ropa de Agustina y quieta permaneció allí hasta que el silencio dominó la habitación. Geisha salió del placard con cuidado de no golpear o mover algo que pudiera despertar a Agustina. Antes de escapar por la ventana, quiso ver de cerca a la joven que disfrutaba, todos los días, de ese recinto que Geisha disfrutó sólo media hora. Cuando estuvo a diez centímetros de la cara de Agustina, rozó suavemente la mejilla cálida y blanda con su fría y dura mano y murmuró: —Quisiera ser como tú…
Cierto aire nostálgico la rodeó y la acompañó cuando saltó por la ventana del primer piso del hotel, perdiéndose en la espesura de la noche sin ser vista.
Geisha recorrió las calles que la separaban del depósito de juguetes con tranquilidad. A pesar de haber demorado más de lo previsto, había logrado su objetivo. Mañana recibiría el elogio de Katsuo por su buen desempeño.
No tenía ganas de charlar con las mujeres robotizadas y tampoco le gustaba interrumpirlas cuando se efectuaban el mantenimiento unas a otras. Geisha sentía que no pertenecía a ese grupo del que siempre recibía miradas despectivas y reprobatorias.
Subió a la terraza para mirar el cielo y esperar allí el amanecer. Cuando se apoyó en la pared que hacía las veces de balcón, tocó algo que emitió un ruido metálico. Enseguida supo qué era: un gancho para escalar. Temiendo que alguien estuviera ascendiendo por él para entrar por sorpresa al galpón, decidió descender por el cable de acero y espantar a la persona que encontrara en el camino. Un hombre fornido, vestido de negro de pies a cabeza, ascendía con energía por la pared. Geisha y él se miraron fijamente y ambos actuaron al mismo tiempo. Sandro descargó un golpe fuerte y seco en la espalda de la niña robot mientras ésta utilizaba una herramienta electrónica que tenía prohibida: la descarga electromagnética. Ambos cayeron al piso, Sandro desmayado y Geisha con su cuerpo abollado. La sorpresa y el temor habían hecho que Geisha agrediera al hombre del único modo que tenía prohibido, por lo tanto tenía que evitar que Katsuo descubriera lo que había hecho. Con la agilidad que la caracterizaba recogió el cuerpo inerte del humano y lo arrastró por la vereda hasta llegar a un edificio abandonado. Allí escondió al guardaespaldas de Agustina Ferrari y luego corrió a ocultarse dentro del galpón. Si tenía suerte nadie encontraría al hombre antes de que Katsuo y sus robots estuvieran en el avión que los llevaría de regreso a la fracción de Japón en la que vivían.

Al amanecer, una sensación extraña y difícil de describir invadió el despertar de Agustina. Estaba acostumbrada a soñar y, a veces, los sueños no le permitían descansar bien, pero esta vez era diferente. Intentó recordar imágenes o sensaciones como lo hacía cada vez que un sueño contenía sucesos o personas que necesitaba recordar o investigar, pero no pudo hallar ningún rastro que le permitiera explicar su malestar. “Mejor será que me de una ducha y tome un desayuno completo para reponer energías”, pensó Agus mientras recogía la ropa que había tirado al suelo antes de acostarse la noche anterior.
Mientras el agua caliente recorría su cuerpo, Agus recordó, como un flash, el roce de algo en su mejilla durante la noche y una voz susurrando en su oído: “Quisiera ser como tú…”. Un escalofrío la invadió luego de esa sensación onírica y a la vez verosímil.
Cuando se secaba el pelo, Agus miró en el espejo su reflejo y vio ojeras debajo de sus ojos. Claramente había tenido una mala noche, aunque ella no lo notara como otras veces. La inquietud y la ansiedad producto de la pronta concreción de su anhelo de la infancia estaban haciendo estragos en su semblante.

La misma noche que fuera negativa para Agustina, generó efectos positivos en un huésped del hotel. Katsuo no durmió, pero ocupó las horas de sueño disfrutando y sonriendo triunfal: el testeo del sensor colocado en la almohada de la hija de Ferrari indicó un funcionamiento óptimo de la central y de las ondas generadas por el juguete que Geisha escondió en el placard de la joven. Su proyecto sería un éxito, tal como él lo había previsto, y esa mañana lucía fresco y renovado.
La alegría de Katsuo aún no estaba empañada, desconocía que Geisha había descubierto a Sandro cuando éste, desoyendo las advertencias de Gregorio y su gente, intentaba robar uno de los juguetes para chequear que no fuera peligroso para las personas que asistirían a la Exposición. Además, Katsuo desconocía que Geisha había utilizado la descarga electromagnética sobre el cerebro de ese hombre, herramienta que las robots tenían prohibido usar.
El ataque de la niña robot hizo que Sandro perdiera temporalmente la memoria y se desorientara debido al terror que lo azolaba mientras duraba el efecto del shock; pero no por esta razón las kokeshi tenían prohibida la aplicación de dicha destreza (a Katsuo no le disgustaba el efecto que provocaba en los seres humanos), sino porque los alemanes habían fabricado un sistema que detectaba su uso si se encontraban en un radio de alcance de trescientos kilómetros. Los directivos de “Baby-Spielzeug” estaban en la misma ciudad que Geisha, por lo tanto irían tras ella no bien descubrieran lo ocurrido al guardaespaldas de Agustina. Los alemanes habían amenazado a Tanaka cinco meses antes: si alguna vez descubrían que una de sus robots atentaba contra la integridad de un ser humano, ellos se encargarían de perseguirlo, capturarlo y dejarían al descubierto sus sucios proyectos y la deshonra que Tanaka significaba para la Asociación Mundial de Jugueteros. Mientras Katsuo desconociera este hecho, su dicha continuaría reflejada en su rostro y Geisha estaría a salvo, pero tendría que encontrar una excusa para que abandonaran Argentina no bien finalizara la Exposición para evitar ser atrapados por los alemanes y evitar la ira de su dueño."

Queridos lectores les aviso que a partir de ahora, por falta de tiempo para dedicar a la creación literaria, los episodios se publicarán cada 15 días. 
Nos reencontraremos el miércoles 24 de octubre.

Saludos a todos.
                                                                                                                 Dolly Gerasol

miércoles, 3 de octubre de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio XXIV

Hola a todos:

¿Está emocionante la novela? A mí me parece que sí ;-) Hoy los sumergiré en un episodio romántico y especial. ¡Disfruten la lectura!


Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados - All rights reserved)

Episodio XXIV

"La reunión se prolongó hasta las once de la noche, razón por la cual Agustina y Lucas, sólo dispusieron de unos minutos para besarse y cruzar algunas palabras.
—Gracias por apoyarme en la reunión. Si no hubieras intervenido, no me hubieran escuchado –comentó Agus mientras se pegaba aún más al cuerpo de su novio para sentir su calor y sus caricias.
Estaban sentados en el sillón del hall de recepción, en el rincón más escondido de las miradas de los huéspedes. De todos modos, a esa hora las personas permanecían en sus habitaciones, solamente los empleados del hotel iban y venían comprobando que todo funcionara a la perfección y estuviera ordenado y limpio.
Mientras con una mano acariciaba su sedoso cabello ondulado, con la otra, Lucas mantenía apretado contra el suyo, el cuerpo de Agustina. Sentirla cerca despertaba en él muchas sensaciones y sólo cuando la tenía entre sus brazos sentía que podía protegerla de todos y de todo.
—Cada día que pasa me sorprendes más y, a medida que te conozco, admiro más tu personalidad. Puedes ser inocente y sagaz a la vez, frágil y fuerte, impulsiva y reflexiva, cariñosa y despectiva… No eres bipolar, no me refiero a eso…
—Ssshhh… -silenció Agustina posando uno de sus delgados dedos sobre los labios de Lucas-. Entiendo lo que quieres decir… puedo ser diablo o ángel según la situación que se me presente –comentó mientras acariciaba la boca de su novio y lo miraba con profundidad a los ojos.
—Puedes volverme loco de amor o de rabia… -susurró él y con rapidez la tomó por la cintura y la sentó sobre su regazo.
—En este momento, ¿qué locura te aqueja? –preguntó Agus con picardía mientras reemplazaba su dedo por sus labios en la boca de Lucas.
Los besos apasionados les quitaron el aliento y cuando el fuego estaba empezando a consumirlos… La presencia de Tanaka ingresando por la puerta principal del hotel los enfrió como baldazo de agua helada. El cacheo de los guardias indicó que el japonés ingresaba al hotel sin ningún artefacto o arma que implicara una amenaza, ni siquiera lo acompañaba alguna de sus mujeres robotizadas. Estaba claro que Katsuo no quería despertar ninguna sospecha sobre su persona. No había ningún ser humano capaz de saber lo que él tramaba, pero la discreción era un buen escudo a la hora de concretar sus planes.
Lucas y Agus, paralizados, apenas respiraban, no querían que Tanaka los viera.
—El muy cretino parece una persona normal cuando quiere. Me gustaría saber qué ronda en la cabeza de ese hombre. Cada vez que lo veo percibo una sensación fría y escalofriante que emana de él –susurró Agus preocupada y pensativa.
—Es un hombre enigmático y sombrío, es verdad, pero aún no hemos podido probar ninguna actividad maligna en la Convención. Me preocupa su pasividad y coincido con tu padre en el chequeo de los juguetes. Voy a preparar todo el material necesario para que mañana requisemos los juguetes de todos los participantes de la Exposición. Será mejor que me vaya ahora, sino no me alcanzará el tiempo. Esta noche no duermo –comentó Lucas poniéndose de pie sin despegarse de Agustina.
—Yo tampoco podré dormir, tal vez podría ir contigo y ayudarte… -sugirió la joven aunque intuía que la respuesta sería negativa.
—De ninguna manera. Mañana disfrutarás de la Exposición que tanta ilusión te hace. Nosotros nos ocuparemos de que todo marche bien. Descansa, así podrás estar bien para recorrer la Expo de arriba abajo –dijo Lucas con una sonrisa mientras recorría con sus labios el cuello tibio y suave de su novia.
—Mmmm… Me gustaría que te quedaras conmigo esta noche…
La sugerencia tomó desprevenido a Lucas, quien comenzó a sentir que el calor sensual que emanaba de Agus se colaba por los poros de su piel y despertaba todos sus sentidos.
—Será mejor que me marche porque si no lo hago en este instante… tu padre me echará a patadas de aquí –comentó mientras separaba sus manos de Agus y se alejaba de ella.
Agustina estaba cansada, el llanto y la discusión con su padre habían menguado sus fuerzas, pero la expectativa por la Exposición y el temor a que algo malo sucediera, la mantenían despabilada. No quería alejarse de Lucas, con él sentía que nadie podría hacerle daño y que todo marcharía con normalidad.
Al ver la angustia en los ojos verdes de ella, Lucas recordó lo sucedido en la habitación de Justino y preguntó: — ¿Por qué llorabas esta tarde?
—Tuve un intercambio de pareceres con mi papá… Ya lo hemos resuelto, no quiero recordarlo… Menos aún me agrada saber que me escuchaste llorar… -dijo Agustina agachando la cabeza avergonzada.
Lucas le tomó la cara entre las manos y la obligó a mirarlo mientras decía en tono dulce y amable: —“Nunca te avergüences de tus lágrimas, pero evita que estas opaquen tu mirada y tus esperanzas, y mucho menos que se conviertan en un hábito.” Esas sabias palabras se las escuché pronunciar a mi querida abuela una mañana mientras sostenía a mi prima entre sus brazos, consolándola.
Agus sumergió su mirada en los grises ojos de su amado Lucas, embriagada de ternura ante sus palabras y contenta por compartir un momento tan íntimo con él. No conocía nada de su vida privada, sólo acerca de su trabajo; saber que tenía una abuela y una prima a las que apreciaba le dio ganas de conocerlas y preguntarles acerca de la infancia y adolescencia de Lucas.
— ¡Gracias! Estoy feliz de haberte conocido. Creía que no quedaban hombres que valgan la pena… Los chicos de mi edad sólo piensan en vivir una vida virtual frente a los juegos de computadora y pantallas en 3D; no atienden a su familia y no comparten momentos como este ni siquiera con sus padres… -concluyó Agustina apenada por recordar lo sola que se sentía antes de conocer a ese hombre que a pesar de su madurez, mantenía su lado adolescente vivo.
—Soy anticuado y aunque cumplo con excelencia mi trabajo, me tildan de sensible y blando, pero no me importa. Agradezco a mis padres y abuelos el modo en que me criaron. Soy parte de una minoría, al igual que mi jovencita de ojos verdes, pero vale la pena si así como soy me quieres a tu lado…
Y sin más palabras de por medio, el idioma de los besos logró completar y confirmar lo que albergaban en sus corazones enamorados. Tomados de la mano ascendieron al primer piso y se despidieron con un cálido y profundo abrazo.

Agustina sin encender la luz de la habitación, se desvistió y se metió bajo las sábanas, respirando aún el perfume de Lucas y sonriendo de alegría se durmió, anhelando soñar con su adorado gerente de C.E.S."

¡Gracias por leerme!
Saludos a todos.
                                                                                                                  Dolly Gerasol

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio XXIII

Hola a todos:

Ha llegado un nuevo episodio. ¡A disfrutarlo!


Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados - All rights reserved)

Episodio XXIII


"Luego de perder de vista a Agustina, la niña robot regresó al galpón de la calle Ruggieri. Sabía que Katsuo estaría en la terraza, por ello dirigió su delgadas piernas metálicas hacia ahí. Silenciosa y ágil como siempre se acercó a él y se sentó a su lado.
Para Katsuo Tanaka, Geisha era más que un robot creado con inteligencia y tecnología, era su última creación basada en la imagen de la hija que hubiera deseado tener.
Una tragedia había convertido a Katsuo en lo que hoy día era: un hombre que renegaba de los humanos, frío, calculador y en varias ocasiones, cruel. Sólo Geisha conocía la pequeña porción de buenos sentimientos que albergaba el corazón de su creador.
Diez años atrás, una terrible inundación seguida de un tsunami de dimensiones colosales hundió en el mar más de la mitad de Japón, reduciendo al país a una pequeña porción de tierra. Tras esa fatídica venganza de la naturaleza, millones de vidas se perdieron para siempre, entre ellas contaba la esposa de Katsuo, quien murió porque los rescatistas no alcanzaron a sacarla de la casa antes que el agua la sumergiera completamente. Katsuo culpó a ese grupo de hombres por la muerte de Hikari. Él no contaba con medios para sacarla de donde había quedado atrapada y cuando pidió ayuda se la negaron porque estaban resolviendo otros problemas. Katsuo pidió a gritos que salvaran a su esposa, suplicó que le prestaran herramientas y un bote para llegar a ella y se los negaron. En su desesperación, golpeó a dos hombres con una madera gruesa y les robó lo que necesitaba para salvar a Hikari, pero al llegar al lugar ya era demasiado tarde. El agua había barrido la zona. La casa del matrimonio Tanaka había sido arrastrado por la corriente, junto con la vida de la amada esposa de Katsuo.
Hikari era una bella mujer que, en vida, colmó de luz la existencia de su esposo; dejándolo, con su muerte, sumergido en tinieblas. Hikari y Katsuo se conocieron en la Universidad, ambos sentían un cariño especial hacia la robótica y compartían proyectos y ambiciones. La primera de las robots la diseñaron juntos, decidieron que fueran mujeres porque así podían darles nombres de féminas legendarias japonesas, ya que admiraban las historias que contaban sus antepasados acerca de criaturas que habitaron suelo japonés siglos antes que ellos. El traspaso de esas leyendas de generación en generación había disminuido considerablemente a principios del siglo XXI y ambos creyeron que si creaban mujeres robots que rememoraran las leyendas a través del tiempo, la cultura que tanto admiraban no se perdería aunque ellos murieran. Ese sano proyecto habitó en el corazón de Katsuo mientras Hikari estuvo a su lado, luego sus sentimientos se tornaron oscuros y sus ambiciones apuntaron hacia fines non sanctos.
—Geisha, te he dicho que no interrumpas mi soledad –disparó Katsuo cuando Geisha se sentó a su lado.
—Lo siento. Quería escuchar tus instrucciones una vez más, antes de cumplir mi misión de esta noche –dijo con su voz suave y cantarina (Katsuo se había esmerado para darle la voz más hermosa que un robot pudiera poseer).
—Pídele a Izanami que te las repita. No estoy de humor para charlar.
Cuando la mente de Katsuo era invadida por los recuerdos tristes del pasado, su humor se tornaba más agrio de lo habitual y aislándose lograba recuperar cierto equilibrio.
—Katsuo… ¿por qué estás así? No te enojes conmigo –suplicó Geisha en un tono tan humano que el propio Katsuo se sobresaltó.
Tanaka miró a su pequeña robot y un pequeño destello de luz brilló en sus ojos oscuros, sólo unos segundos permaneció allí y se diluyó como la débil llama de una vela.
—Vete de aquí, Geisha. Prepárate para hacer tu trabajo y no lo arruines –concluyó Katsuo alejándose de la terraza para regresar al galpón.
La niña robotizada quiso llorar como las niñas de carne y hueso, pero no podía aunque lo deseara, ella no era humana.

Geisha era ágil, liviana y pequeña, estas cualidades la hacían especial para espiar, ocultarse y colarse sin ser vista, por ello le habían asignado la tarea de entrar a la habitación de Agustina y esconder allí la muñeca kokeshi que usarían para testear el funcionamiento de las ondas Konban wa.
La niña robotizada sabía que Agustina estaba en el hall del hotel con su novio y Katsuo pronto entraría distraídamente para que apuntaran su atención hacia él. Genbu e Izanami le habían traspasado las imágenes y la información referida a la seguridad del “Ragguardevole” a Geisha. Esta contaba con todos los datos que necesitaba para colarse y cumplir con éxito su misión sin ser vista.
La habitación de Agustina tenía una decoración delicada y sencilla, no había demasiada tecnología dispuesta en las paredes y techos, ni sobre los muebles, sólo la necesaria para facilitar la vida cotidiana. Geisha estaba acostumbrada a estar rodeada de objetos electrónicos y robotizados, de metales y luces, cables y sensores, radares y rayos de diferentes utilidades, nunca se había sentado en una silla o acostado en una cama.
Como sabía que disponía de tiempo decidió aprovechar la oportunidad. Subió al suave y mullido colchón de Agustina y con cuidado y temor se recostó. Acarició el cobertor verde y chequeó con sus habilidades técnicas el material con que estaban fabricados cada uno de los componentes de la cama. Disponía de información nueva, aunque desconocía si le sería de utilidad, sentía que para ella era importante porque le interesaba. Con sus ojos vidriosos recorrió cada centímetro de la habitación hasta que colmó de imágenes agradables su computadora cerebral.
Katsuo había querido que actuara como una niña, por lo tanto, se abstuvo de programar a Geisha de manera estricta, ella carecía de varias de las habilidades extremas de las demás kokeshi y era imprudente. Debido a la alta seguridad reinante en el hotel, Katsuo no permitió que ninguna de las demás robots estuviera presente mientras Geisha cumplía su misión. Las mujeres robotizadas no estuvieron de acuerdo, pero debieron obedecer a su jefe.

Geisha perdió la noción del tiempo cuando logró abrir el placard de Agustina. Maravillada con la ropa y las pertenencias de la joven, olvidó que disponía de menos de veinte minutos para esconder el juguete, colocar un diminuto sensor, que se desintegraría luego de doce horas, en la almohada de Agustina (para controlar sus ondas cerebrales durante el sueño) y salir sin dejar rastros."


¡Gracias por leerme! ¡Gracias por sus comentarios!
Saludos a todos.
                                                                                                                           Dolly Gerasol

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio XXII

Hola a todos:

Un poco más tarde de lo habitual... tarde, pero seguro... acá les dejo para que disfruten un nuevo episodio de mi blog novela.


Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados-All rights reserved)

Episodio XXII

"Padre e hija reaccionaron al llamado de Lucas. Justino caminó hasta la puerta mientras Agus entraba corriendo al baño para enjuagarse la cara (no quería que su chico la viera con los ojos hinchados de tanto llorar). A Justino, en cambio, poco le importó su aspecto desaliñado porque aún no podía reponerse del intenso momento vivido.
Cuando Lucas vio la cara del dueño del hotel se preocupó aún más y preguntó en tono dubitativo: — ¿Qué pasa, Justino? ¿Dónde está Agustina?
—Tranquilo, muchacho… Cosas entre padre e hija… –respondió mientras le daba una palmada en el hombro-. Pasa. Enseguida estaremos listos para asistir a la charla. Toma asiento.
Justino se dirigió a donde estaba su hija para comprobar su estado. La encontró apoyada con ambas manos sobre el lavatorio, con el pelo húmedo y desarreglado.
—Aquí tienes el peine. Pon el programa que más te guste, pero no tardes porque estamos muy retrasados.
Agustina asintió en silencio.
Cinco minutos después, Agus apareció frente a un preocupado Lucas, perfectamente arreglada como si nada hubiera sucedido. La joven sonrió al ver la inquisidora mirada que le dirigía Lucas.
—Hola… Estoy bien. ¿Me darás un beso o te quedarás sentado en ese sillón hasta mañana? –preguntó Agus con picardía para relajar el ambiente.
Lucas miró a uno y a otro buscando respuestas, pero ni Justino ni Agustina emitieron palabra alguna. Se acercó con cautela a la joven y le dio un delicado beso en la mejilla (no pensaba besar sus labios delante de su padre) y antes de alejarse del todo le susurró: —Me debes una explicación…
Agustina, aturdida por el calor de su mejilla recién rasurada y el aroma varonil que desprendía su piel, asintió en silencio y permaneció en su sitio hasta que su padre los instó a salir de la habitación.

La reunión en la sala de seguridad contó con la presencia de seis empleados del hotel, Justino, Agustina, Lucas, tres empleados de C.E.S. y Gregorio Bermúdez. Las trece personas reunidas en la habitación esperaron en silencio que el dueño del “Ragguardevole” tomara la palabra.
—Agradezco a todos por estar presentes, más aún a Pablo y Sandro que están fuera del horario de trabajo y a mi querido amigo Gregorio, quien se apersonó a pesar de sus muchos compromisos –dijo Justino con solemnidad y tomó asiento, presidiendo la modesta mesa de reuniones-. El motivo de esta reunión es para preparar un plan de acción y protección para mañana. El día de la Exposición es el más importante de la Convención y mis clientes necesitan que les brindemos seguridad al ciento por ciento. Nada puede quedar librado al azar.
Los presentes asintieron en señal de consenso. Agustina se sentía aún más insignificante que minutos antes, rodeada como estaba de hombres fornidos y especialistas en seguridad y defensa personal. Aunque no pasaba por alto que en ningún otro sitio estaría más segura que allí. Agus confiaba en las capacidades y habilidades de todos ellos.
Los hombres se disponían a diagramar y proyectar los sitios y actividades que cada uno ocuparía en la Exposición, pero detuvieron sus diálogos y bosquejos ante las palabras y la mirada seria del señor Ferrari.
—Antes que comencemos con la organización, quiero que hablemos acerca de un sujeto que me preocupa sobremanera: Katsuo Tanaka.
Ante la sola mención del nombre, Agustina sintió escalofríos. Estaba de pie, apoyada contra la pared escuchando desde las sombras, pero decidió acercase a la mesa y tomar asiento cerca de Lucas. Necesitaba sentirse segura y tranquila.
—Los alemanes nos pusieron al tanto de sus investigaciones y nos pidieron que no le perdamos pisada dentro de tu hotel –comentó Gregorio en tono grave y pausado.
El cigarrillo había hecho mella en sus cuerdas vocales, a pesar de sus problemas de salud y de las vigentes restricciones al consumo y comercialización de dicho producto, no podía dejar el vicio. Entre los presentes era el único consumidor y sólo su voz y el aspecto desmejorado de su piel denotaban que era fumador, ya que nunca nadie lo habia visto con un cigarrillo entre los dedos.
—Gregorio, ya sé que esto está hablado y que me has puesto al tanto de la información que posees, pero creo oportuno que vigilemos al sujeto más de cerca… Quiero que envies a algunos de tus hombres a chequear la guarida de sus mujeres robotizadas… -apuntó Justino, mirando de reojo a su hija y a Lucas.
—Los directivos de “Baby-Spielzeug” nos advirtieron que no delatemos nuestro seguimiento, ya que esos robots son capaces de dañar seriamente a los humanos si los obligan a hacerlo…
—Nunca deberían haber ingresado al país. Desgraciadamente los controles fronterizos hacen agua, por eso debemos nosotros proveernos de protección. Aún así, creo que sería prudente asegurarnos que los juguetes que piensa exponer mañana no atentan contra la integridad de ninguna persona –exigió con seriedad Justino apoyando ambas manos sobre la mesa de vidrio templado.
Lucas disparó un par de miradas a su jefe, quien asintió con pesar. Lucas se puso de pie y dijo: —Señor Ferrari, tome asiento. Si contamos con su discreción y la de sus empleados, le brindaremos información confidencial que le ayudará a tomar los recaudos necesarios.
El padre de Agustina no se sentó, en cambio, se giró a mirar de frente a Lucas y le espetó: —Señor Seagal, no soy un niño y mucho menos un subordinado suyo. Esta es mi casa y soy el único que preside esta reunión. Así que, siéntese…
Agustina escuchó atenta las palabras de su padre y puso los ojos en blanco mientras pensaba: “¡Qué hombre complicado! A veces pienso que mi padre y Sandro nacieron en el siglo diecinueve.”
—Disculpen, señores –dijo Agustina desde su silla, captando las miradas sorprendidas de los hombres-. Será mejor que hablen claro y que no dejen nada librado al azar, porque sino, ese japonés y sus kokeshi, arruinarán el espectáculo que he esperado presenciar toda mi vida.
Muchos pensaron que era una joven arrogante y despreocupada, pero hubo dos hombres que se sintieron tocados muy de cerca por el comentario y juzgaron oportuna la intervención de Agustina. La Exposición no sólo era importante para ella, sino para todos los integrantes de la Asociación Mundial de Jugueteros y los niños de la ciudad de Buenos Aires que, como ella, esperaban con ilusión ese día.
Agustina percibió el cambio de semblante de su padre y agregó: —Papá, toma asiento y deja que Lucas y yo te contemos lo que sabemos.
Justino tomó asiento resignado y Lucas reprimió una carcajada al escuchar las palabras de su novia. Para no herir susceptibilidades debió guardarse las ganas de hacer un comentario sarcástico al respecto. Enseguida, Lucas captó la impaciencia de su jefe y se apresuró a continuar con la charla: —Katsuo Tanaka cuenta con siete mujeres robotizadas y tres robustos guardaespaldas, estos últimos carecen de otra cualidad que no sea la fuerza bruta y dos pistolas de última generación cada uno. Las robots, en cambio, están conectadas las veinticuatro horas al cuerpo de Tanaka, a través de un chip que contacta directamente con un satélite de su propiedad.
Los ojos de Agustina y los de algunos de los empleados se agrandaron al escuchar dicha información. No así los de Justino, que ya no se sorprendía por nada y menos aún Gregorio, que había visto y vivido cientos de situaciones sorprendentes y horribles debido a su trabajo actual y cuando era militar en ejercicio.
—De este modo, si por alguna razón él corre peligro, ellas lo notan y poseen la capacidad y la tecnología para salvaguardar la vida de Tanaka. Lo pueden detectar en cualquier parte del mundo. El sistema de rastreo satelital de Katsuo es magnífico. Si vamos a enfrentarnos a él, debemos saber cómo enfrentarnos a ellas –concluyó Lucas, tomando aire en profundidad y preparándose para la reacción de los presentes.
El silencio duró tres segundos y fue destruído por las voces alarmadas de los nueve empleados, tanto los del hotel como los de C.E.S. A ninguno le agradaba tener que enfrentarse contra máquinas de última generación, que disponían de tecnología de punta para actuar y manejarse en el mundo, sin enfrentarse a sentimientos humanos que las perjudicaran en su accionar. Gregorio y Justino eran concientes que no podían desplegar un arsenal para defenderse de las mujeres de Katsuo, el plan de seguridad requeriría más horas de planeamiento que las que pensaban dedicarle en un primer momento.
Agustina se puso todo lo seria que su juvenil e inocente rostro le permitío y dijo: —Una de las armas más importantes de que disponemos es la indiferencia. Si Katsuo no sabe que lo tenemos en la mira no estará a la defensiva y pensará que no notamos nada raro en él. Todos estos días ha actuado con corrección, a excepción del día de premiación en que discutió con uno de los alemanes. Ni siquiera sus robots han hecho algo que llame la atención.
Lucas estaba cada vez más admirado: Agustina podía parecer irresponsable e imprudente, pero a la hora de proteger a los suyos actuaba como una persona adulta, hablando con coherencia e inteligencia. Decidió que era momento de darle poder a sus palabras y apoyó su comentario diciendo: —Agustina tiene razón. Si Tanaka nos ve desplegando una seguridad excesiva, sabrá que lo hacemos para restringir su accionar. Ningún otro participante de la Convención merece semejantes precauciones. Además, él sabe que está tramando algo. Mientras piense que sólo él y sus empleados lo saben… se moverá con más soltura y bajará un poco las defensas… Esto nos permitirá descubrir su plan –puntualizó Lucas con una sonrisa triunfal que compartió con Agus.
Agustina y él realmente formaban un buen equipo."

Nos reencontramos en una próxima publicación.
¡Gracias por leerme y comentar!
Saludos a todos.
                                                                                                                    Dolly Gerasol

                          

lunes, 17 de septiembre de 2012

"Ríndete a mí"

Hola a todos:

Hoy vengo con una nueva reseña de una escritora argentina. Susana Oro nació en la ciudad de Córdoba el 3 de agosto de 1963. Actualmente vive allí con su esposo Juan Antonio y sus dos hijos Franco y Nicolás. Estudió abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba, profesión que ejerció hasta que nació su primer hijo, después se dedicó a su familia. En el año 2009 comenzó su carrera de escritora. “Ríndete a mí” es su primera novela publicada.


Conocí a Susana en Facebook y así conocí también su novela "Ríndete a mí", la cual acabo de terminar de disfrutar.



Título original: Ríndete a mí (2011)
Editorial: Ediciones B
Colección: Amor y Aventura
Año de publicación: 2012
Género: Contemporáneo
Protagonistas: Dante Ventura e Irina Esquivel Alzaba Ríos

Sinopsis: Irina Esquivel Alzaba Ríos es una ladrona inteligente, astuta, bellísima y salvaje. Dante Ventura es un seductor incorregible. Ambos se ven por primera vez durante el velatorio del padre de ella. Pero más allá de la tristeza infinita, la naturaleza de ambos se impone: ella le roba dinero y él siente que está frente a una mujer distinta a todas las demás. Humillado por haber sido víctima de un robo a manos de la hermosa Irina, Dante se lleva el diario íntimo de ella... Esto será la chispa que encienda el desafío y una atracción que ninguno podrá controlar.
Cuando los increíbles secretos familiares de Irina vayan develándose, sus caminos se cruzarán y la pasión entre ellos tomará todas las formas posibles.
En plena comunión con el paisaje de las sierras cordobesas, la pareja será a veces agreste y otras, exuberante en idas y venidas que irán moldeándolos como seres salvajes e instintivos. ¿Llegará finalmente la calma redentora del amor?


Les cuento mi opinión acerca del libro: lo que más me llamó la atención fue el tono en que está contada la historia, ya que es poco habitual dentro de las novelas del género: picaresco e irónico. Encontré escenas realmente divertidas, una sátira social muy bien planteada y paisajes y costumbres muy bien representados. 
Personas especiales y originales rodean a Irina y Dante, y los acompañan a lo largo de sus vidas; pero los protagonistas son aún más especiales y originales que el resto de los personajes. Irina y Dante logran atrapar al lector con sus encuentros plagados de sentimientos dispares y escenarios inusuales logrados con muy buenas descripciones. 
La historia de amor es tierna y profunda, a la vez que entretenida y grotesca.
Me ha gustado mucho esta novela porque es realmente muy original y logró arrancarme muchas sonrisas :-) y suspiros ;-)

Transcribo el primer párrafo del libro y juzguen ustedes mismos:
"El día que Jacinto Esquivel Alzaba Ríos exhalaba sus últimos suspiros, confesó. Sus parientes y amigos más próximos se quedaron con la boca abierta. Su esposa Julia, una mujer de baja estatura y cabello reseco como paja de escoba, en vez de compadecerse por su casi difunto marido, le largó una retahíla de insultos y le aporreó la cabeza con el repasador sucio que antes había estado retorciendo en sus manos. Su hija menor, Anabel Esquivel Alzaba Ríos, se desmayó y quedó tendida sobre el suelo de cemento, rasgando su ya desgastado vestido paseandero de muselina roja. Sus dos hijos, Jeremías y Josué, entre insultos y maldiciones, se apresuraron a recogerla para tenderla en el sucio catre que había junto a la ventana. Sus cuñados zarandeaban a Jacinto como si a fuerza de mamporros lograran hacerlo extenderse en las pocas palabras que había logrado pronunciar. Junto a la puerta del cuarto, antes de que la familia se abalanzara encima de Jacinto, sus amigos de borracheras y naipes intentaron encontrarle significado a esa sucinta confesión de su amigo. Irina, la mayor de las hijas de Jacinto Esquivel Alzaba Ríos, observaba el espectáculo con los ojos llenos de lágrimas."

Les dejo también el link para leer el primer capítulo: http://www.susanaoro.com/statics/rindete-a-mi-cap1.pdf

Espero que tengan la oportunidad de disfrutar de esta novela, ya sea en papel o en e-book.
Saludos a todos.
                                                                                                                                 Dolly Gerasol

jueves, 13 de septiembre de 2012

Día del Bibliotecario en Argentina

Hola a todos:

Hoy se conmemora un día muy especial en el ámbito literario y por ello decidí hacer una entrada al respecto.
Buscando en la web encontré un lindo artículo, con información clara, en la página de la Universidad Nacional de San Luis  y decidí compartirlo con ustedes.

13 DE SEPTIEMBRE
DIA DEL BIBLIOTECARIO EN LA REPÚBLICA ARGENTINA

© Belén Silvana Latino 2006


La magnífica Biblioteca Nacional Argentina
"El día 13 de septiembre fue establecido como “Día del Bibliotecario” por el Congreso de Bibliotecarios reunidos en Santiago del Estero en el año 1942 y fue instituido como "Día del Bibliotecario" a nivel nacional, en 1954, mediante sanción del Decreto Nro.17.650/54, en homenaje a los bibliotecarios de todo el país.
Este día se corresponde con la edición de la "Gaceta de Buenos Aires" del 13 de septiembre de 1810, en la que apareció un artículo titulado Educación, escrito por Mariano Moreno, en el que informaba sobre la creación por la Junta de Mayo de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, hoy Biblioteca Nacional y de los nombramientos del Dr. Saturnino Segurola y Fray Cayetano Rodríguez, quienes fueron los primeros bibliotecarios oficiales de la nueva era de la Independencia de la República.
Esta fecha tiene un gran valor histórico y cultural porque la Biblioteca Nacional fue creada a inspiración del Dr. Mariano Moreno, Secretario de la Primera Junta de Gobierno de la Revolución de Mayo.
En uno de los tantos ensayos del prestigioso filósofo y pensador español, José Ortega y Gasset, encontramos la siguiente expresión "A mi juicio la misión del bibliotecario habrá de ser, no como hasta aquí, la simple administración de la cosa libro, sino el ajuste, la mise au point de la función vital que es el libro."
Y Marcel Prevost dijo: "El Hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma."
El oficio del bibliotecario se encuentra indisolublemente unido al origen del libro como producto cultural que contiene el registro gráfico del conocimiento y como medio de comunicación a largo plazo. En el primer caso encontramos al bibliotecario como guardián de libros y, en el segundo, como su organizador, proveedor y facilitador, por consiguiente, como profundo conocedor de sus contenidos, dando como resultado dos extremos entre los que oscila el oficio: inquisidor y erudito.
Estos profesionales, se han preparado durante años, para apoyar la formación de nuestros jóvenes en las aulas, para colaborar en el desarrollo científico del país, al interior de los centros de investigación, o construyendo una Argentina más grande.
Es el día en el que se reconoce la actividad de los bibliotecarios en todos los sectores en los que se desarrollan, labor que es de gran importancia para nuestra sociedad, una sociedad en la que el recurso más valioso es el conocimiento, por lo que el bibliotecario se convierte en un puente entre las necesidades de información y los medio con los que aquellas se pueden satisfacer.
Todos los 13 de septiembre y si es posible todos los días del año, forme parte del gran sueño del bibliotecario, la lectura, que sin dudas ayuda a cambiar el mundo y a ser cada vez mejores."


Algún día me gustaría poder convertirme en bibliotecaria y así, cumplir mi sueño de dedicarme a estar rodeada de libros e incentivando a las personas que me rodean a que disfruten el placer de la lectura.
Saludos a todos.
                                                                                                                       Dolly Gerasol

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio XXI

Hola a todos:

Hoy llega un nuevo episodio de mi querida blog novela. Espero que les resulte tan interesante que les de ganas de compartir la experiencia con sus amigos ;-)


Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados - All rights reserved)

Episodio XXI

"Agus llegó a la habitación de su padre y vio la puerta entreabierta, se asomó con sigilo y escuchó el fragmento de una conversación entre Justino y Sandro.
—No la pierdas de vista. Mientras estes en tu horario serás su sombra. El resto del tiempo Seagal y sus hombres serán tu reemplazo –ordenó Justino mientras caminaba de un lado a otro inquieto.
—Despreocupese. La señorita Agustina está en buenas manos, nadie se atreverá a hacerle daño en mi presencia –concluyó Sandro en tono serio y tras hacer una reverencia a la antigua usanza se encaminó a la salida.
Agus notó que finalizaba la charla, entonces retrocedió varios metros y de inmediato volvió sobre sus pasos para toparse con su custodio a medio metro de la entrada a la habitación de su padre.
—Hola, Sandro. Ya regresé de mi paseo. ¿Sabías que había salido del hotel? No vi que me siguieras… -comentó en tono sarcástico y le dedicó una sonrisa torcida.
—No me gusta molestarla, por eso la sigo a una prudente distancia. De todos modos, aunque yo no esté, no le perdemos pisada. Con permiso…
Sandro repitió la misma reverencia de minutos antes frente al señor Ferrari y continuó con paso firme su camino por el pasillo alfombrado.
Este tipo parece salido de las películas del siglo pasado”, pensó Agus mientras daba dos golpes en la madera lustrada.
—Adelante –dijo Justino sin delatar que en la pantalla de seguridad instalada en su habitación, camuflada como un cuadro retroiluminado, acababa de ver el indicador de posición de su hija.
—Hola, papá –saludó la joven con suavidad y apuntó sus ojos al mentón de su padre, cuando él estaba enojado su intensa mirada era capaz de darle dolor de cabeza-. Necesito preguntarte algo antes de ir a la reunión.
—No quiero que lleguemos tarde. Los empleados de Gregorio ya están esperándonos –apuntó Justino en tono cortante y continuó con lo que estaba haciendo.
Su peine inteligente terminaba de acomodar sus cabellos entrecanos sin necesidad de utilizar sus manos, que acomodaban unas cuantas hojas de cristal similares a las pantallas de una computadora, pero sumamente delgadas. En ellas se almacenaba información con un sistema inalámbrico y se leían como las hojas de papel que quince años antes solían utilizarse y que hoy ya no se fabricaban. Toda la información circulaba a través de sistemas electrónicos: televisores, celulares y toda clase de dispositivos tecnológicos de almacenamiento de imágenes, sonidos y textos. Las Leyes que prohibían la fabricación de papel a nivel mundial fueron impuestas en el año 2020, desde entonces los libros, revistas, cuadernos y demás impresos sólo están disponibles a nivel virtual.
Los escasos árboles estaban protegidos por Ley, no podían alterarse ni sufrir daño alguno porque sin ellos, los grandes generadores de oxígeno dispersos por todo el país no cumplían su función, debían tener al menos dos árboles de referencia para poder imitar el proceso de fotosíntesis. Algunas personas utilizaban mascarillas de oxígeno cuando estaban al aire libre y dentro de los edificios había generadores domésticos. La escasez de vegetación había viciado el aire y aunque todos los artefactos que se utilizaban eran ecológicos, no podía evitarse completamente la emanación de monóxido de carbono y otros gases nocivos para la salud de los seres vivos. La invención de estos sistemas encargados de purificar el ambiente fue la solución a graves enfermedades, aunque no fue suficiente para permitir que la flora proliferara como a principios de siglo; muchos cultivos desaparecieron y sólo algunos alimentos naturales crecen en invernaderos especialmente diseñados, el resto de la materia prima para fabricar y elaborar comestibles y bebidas, es generada mediante sofisticados procesos químicos.
—Papá, sólo quiero que me digas porqué te ofendiste cuando te conté cómo conocí a Lucas.
Justino se acercó a su hija y mirándola a los ojos le explicó: —Ese día no sólo te escapaste de la custodia que te asigné sino que además espiaste en un galpón atestado de robots y permitiste que un completo desconocido te trajera hasta el hotel. Estoy muy preocupado por ti…
A Justino se le hizo un nudo en la garganta y antes de continuar se sirvió un vaso de agua del dispenser.
Agustina quería retrucar sus palabras, pero descubrió que su padre tenía razón. Aún así, en su defensa agregó: —Lamento haber huído de Sandro, pero necesitaba libertad de movimiento. Estaba y estoy cansada de ser un objeto de observación…
La falta de conciencia por parte de su hija, acerca de los peligros que acechan fuera de las paredes del hotel, enfurecía a Justino; ese sentimiento era la mejor coraza para enfrentar el miedo a perderla, el terror de que alguien o algo se la arrebatara de las manos. Sin Agustina su existencia no tendría sentido.
Nuevamente se paró frente a ella y la interrumpió diciendo: —Naciste en el año 2030 no en el 2000, tu madre tenía tu edad en ese entonces y aunque la vida no era fácil, se vivía mejor que ahora, lo sabes de sobra. Así que, deja de vivir en su época e intenta estar alerta a la realidad porque no puedo estar pendiente de tu seguridad todos los días del año, ni yo ni ninguno de mis empleados. Y si no quieres que te sigamos de cerca, tendrás que aprender a cuidarte sola.
Agustina, muda y pálida, miró a su padre con los ojos llenos de lágrimas. Temblaba de impotencia por no poder defenderse ante la acusación y porque por primera vez se sintió completamente vulnerable y expuesta a los males que aquejaban a la sociedad.
Justino notó el derrumbe emocional de su hija y su furia dio paso a la ternura infinita que sentía cada vez que su pequeña necesitaba que él la proteja. Se agachó frente a ella y la abrazó con fuerza, la apretó contra sí intentando transmitirle todo lo que sentía sin necesidad de palabras.
Agustina lloró un mar de lágrimas, del mismo modo que el día que falleció su madre. No recordaba haber vuelto a llorar de ese modo desde que tenía cuatro años.
Diez minutos después, el íntimo momento entre padre e hija, se vio interrumpido por unos golpecitos en la puerta, que seguía entreabierta. Detrás de la pesada madera llegó a oídos de los Ferrari la firme voz de Lucas diciendo: —Señor Justino, ¿está usted bien? Lo estamos esperando para comenzar la reunión.
Lucas sabía que Agustina estaba en esa habitación y al escuchar su amargo llanto, sintió una punzada de dolor en el pecho temiendo que algo malo le hubiera sucedido."

¡GRACIAS POR LEERME! :-)
Saludos a todos.
                                                                                                                    Dolly Gerasol