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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio XXII

Hola a todos:

Un poco más tarde de lo habitual... tarde, pero seguro... acá les dejo para que disfruten un nuevo episodio de mi blog novela.


Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados-All rights reserved)

Episodio XXII

"Padre e hija reaccionaron al llamado de Lucas. Justino caminó hasta la puerta mientras Agus entraba corriendo al baño para enjuagarse la cara (no quería que su chico la viera con los ojos hinchados de tanto llorar). A Justino, en cambio, poco le importó su aspecto desaliñado porque aún no podía reponerse del intenso momento vivido.
Cuando Lucas vio la cara del dueño del hotel se preocupó aún más y preguntó en tono dubitativo: — ¿Qué pasa, Justino? ¿Dónde está Agustina?
—Tranquilo, muchacho… Cosas entre padre e hija… –respondió mientras le daba una palmada en el hombro-. Pasa. Enseguida estaremos listos para asistir a la charla. Toma asiento.
Justino se dirigió a donde estaba su hija para comprobar su estado. La encontró apoyada con ambas manos sobre el lavatorio, con el pelo húmedo y desarreglado.
—Aquí tienes el peine. Pon el programa que más te guste, pero no tardes porque estamos muy retrasados.
Agustina asintió en silencio.
Cinco minutos después, Agus apareció frente a un preocupado Lucas, perfectamente arreglada como si nada hubiera sucedido. La joven sonrió al ver la inquisidora mirada que le dirigía Lucas.
—Hola… Estoy bien. ¿Me darás un beso o te quedarás sentado en ese sillón hasta mañana? –preguntó Agus con picardía para relajar el ambiente.
Lucas miró a uno y a otro buscando respuestas, pero ni Justino ni Agustina emitieron palabra alguna. Se acercó con cautela a la joven y le dio un delicado beso en la mejilla (no pensaba besar sus labios delante de su padre) y antes de alejarse del todo le susurró: —Me debes una explicación…
Agustina, aturdida por el calor de su mejilla recién rasurada y el aroma varonil que desprendía su piel, asintió en silencio y permaneció en su sitio hasta que su padre los instó a salir de la habitación.

La reunión en la sala de seguridad contó con la presencia de seis empleados del hotel, Justino, Agustina, Lucas, tres empleados de C.E.S. y Gregorio Bermúdez. Las trece personas reunidas en la habitación esperaron en silencio que el dueño del “Ragguardevole” tomara la palabra.
—Agradezco a todos por estar presentes, más aún a Pablo y Sandro que están fuera del horario de trabajo y a mi querido amigo Gregorio, quien se apersonó a pesar de sus muchos compromisos –dijo Justino con solemnidad y tomó asiento, presidiendo la modesta mesa de reuniones-. El motivo de esta reunión es para preparar un plan de acción y protección para mañana. El día de la Exposición es el más importante de la Convención y mis clientes necesitan que les brindemos seguridad al ciento por ciento. Nada puede quedar librado al azar.
Los presentes asintieron en señal de consenso. Agustina se sentía aún más insignificante que minutos antes, rodeada como estaba de hombres fornidos y especialistas en seguridad y defensa personal. Aunque no pasaba por alto que en ningún otro sitio estaría más segura que allí. Agus confiaba en las capacidades y habilidades de todos ellos.
Los hombres se disponían a diagramar y proyectar los sitios y actividades que cada uno ocuparía en la Exposición, pero detuvieron sus diálogos y bosquejos ante las palabras y la mirada seria del señor Ferrari.
—Antes que comencemos con la organización, quiero que hablemos acerca de un sujeto que me preocupa sobremanera: Katsuo Tanaka.
Ante la sola mención del nombre, Agustina sintió escalofríos. Estaba de pie, apoyada contra la pared escuchando desde las sombras, pero decidió acercase a la mesa y tomar asiento cerca de Lucas. Necesitaba sentirse segura y tranquila.
—Los alemanes nos pusieron al tanto de sus investigaciones y nos pidieron que no le perdamos pisada dentro de tu hotel –comentó Gregorio en tono grave y pausado.
El cigarrillo había hecho mella en sus cuerdas vocales, a pesar de sus problemas de salud y de las vigentes restricciones al consumo y comercialización de dicho producto, no podía dejar el vicio. Entre los presentes era el único consumidor y sólo su voz y el aspecto desmejorado de su piel denotaban que era fumador, ya que nunca nadie lo habia visto con un cigarrillo entre los dedos.
—Gregorio, ya sé que esto está hablado y que me has puesto al tanto de la información que posees, pero creo oportuno que vigilemos al sujeto más de cerca… Quiero que envies a algunos de tus hombres a chequear la guarida de sus mujeres robotizadas… -apuntó Justino, mirando de reojo a su hija y a Lucas.
—Los directivos de “Baby-Spielzeug” nos advirtieron que no delatemos nuestro seguimiento, ya que esos robots son capaces de dañar seriamente a los humanos si los obligan a hacerlo…
—Nunca deberían haber ingresado al país. Desgraciadamente los controles fronterizos hacen agua, por eso debemos nosotros proveernos de protección. Aún así, creo que sería prudente asegurarnos que los juguetes que piensa exponer mañana no atentan contra la integridad de ninguna persona –exigió con seriedad Justino apoyando ambas manos sobre la mesa de vidrio templado.
Lucas disparó un par de miradas a su jefe, quien asintió con pesar. Lucas se puso de pie y dijo: —Señor Ferrari, tome asiento. Si contamos con su discreción y la de sus empleados, le brindaremos información confidencial que le ayudará a tomar los recaudos necesarios.
El padre de Agustina no se sentó, en cambio, se giró a mirar de frente a Lucas y le espetó: —Señor Seagal, no soy un niño y mucho menos un subordinado suyo. Esta es mi casa y soy el único que preside esta reunión. Así que, siéntese…
Agustina escuchó atenta las palabras de su padre y puso los ojos en blanco mientras pensaba: “¡Qué hombre complicado! A veces pienso que mi padre y Sandro nacieron en el siglo diecinueve.”
—Disculpen, señores –dijo Agustina desde su silla, captando las miradas sorprendidas de los hombres-. Será mejor que hablen claro y que no dejen nada librado al azar, porque sino, ese japonés y sus kokeshi, arruinarán el espectáculo que he esperado presenciar toda mi vida.
Muchos pensaron que era una joven arrogante y despreocupada, pero hubo dos hombres que se sintieron tocados muy de cerca por el comentario y juzgaron oportuna la intervención de Agustina. La Exposición no sólo era importante para ella, sino para todos los integrantes de la Asociación Mundial de Jugueteros y los niños de la ciudad de Buenos Aires que, como ella, esperaban con ilusión ese día.
Agustina percibió el cambio de semblante de su padre y agregó: —Papá, toma asiento y deja que Lucas y yo te contemos lo que sabemos.
Justino tomó asiento resignado y Lucas reprimió una carcajada al escuchar las palabras de su novia. Para no herir susceptibilidades debió guardarse las ganas de hacer un comentario sarcástico al respecto. Enseguida, Lucas captó la impaciencia de su jefe y se apresuró a continuar con la charla: —Katsuo Tanaka cuenta con siete mujeres robotizadas y tres robustos guardaespaldas, estos últimos carecen de otra cualidad que no sea la fuerza bruta y dos pistolas de última generación cada uno. Las robots, en cambio, están conectadas las veinticuatro horas al cuerpo de Tanaka, a través de un chip que contacta directamente con un satélite de su propiedad.
Los ojos de Agustina y los de algunos de los empleados se agrandaron al escuchar dicha información. No así los de Justino, que ya no se sorprendía por nada y menos aún Gregorio, que había visto y vivido cientos de situaciones sorprendentes y horribles debido a su trabajo actual y cuando era militar en ejercicio.
—De este modo, si por alguna razón él corre peligro, ellas lo notan y poseen la capacidad y la tecnología para salvaguardar la vida de Tanaka. Lo pueden detectar en cualquier parte del mundo. El sistema de rastreo satelital de Katsuo es magnífico. Si vamos a enfrentarnos a él, debemos saber cómo enfrentarnos a ellas –concluyó Lucas, tomando aire en profundidad y preparándose para la reacción de los presentes.
El silencio duró tres segundos y fue destruído por las voces alarmadas de los nueve empleados, tanto los del hotel como los de C.E.S. A ninguno le agradaba tener que enfrentarse contra máquinas de última generación, que disponían de tecnología de punta para actuar y manejarse en el mundo, sin enfrentarse a sentimientos humanos que las perjudicaran en su accionar. Gregorio y Justino eran concientes que no podían desplegar un arsenal para defenderse de las mujeres de Katsuo, el plan de seguridad requeriría más horas de planeamiento que las que pensaban dedicarle en un primer momento.
Agustina se puso todo lo seria que su juvenil e inocente rostro le permitío y dijo: —Una de las armas más importantes de que disponemos es la indiferencia. Si Katsuo no sabe que lo tenemos en la mira no estará a la defensiva y pensará que no notamos nada raro en él. Todos estos días ha actuado con corrección, a excepción del día de premiación en que discutió con uno de los alemanes. Ni siquiera sus robots han hecho algo que llame la atención.
Lucas estaba cada vez más admirado: Agustina podía parecer irresponsable e imprudente, pero a la hora de proteger a los suyos actuaba como una persona adulta, hablando con coherencia e inteligencia. Decidió que era momento de darle poder a sus palabras y apoyó su comentario diciendo: —Agustina tiene razón. Si Tanaka nos ve desplegando una seguridad excesiva, sabrá que lo hacemos para restringir su accionar. Ningún otro participante de la Convención merece semejantes precauciones. Además, él sabe que está tramando algo. Mientras piense que sólo él y sus empleados lo saben… se moverá con más soltura y bajará un poco las defensas… Esto nos permitirá descubrir su plan –puntualizó Lucas con una sonrisa triunfal que compartió con Agus.
Agustina y él realmente formaban un buen equipo."

Nos reencontramos en una próxima publicación.
¡Gracias por leerme y comentar!
Saludos a todos.
                                                                                                                    Dolly Gerasol