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domingo, 11 de marzo de 2012

Intempestivo esquiador

Hola a todos:

Hoy les traigo un relato romántico que acabo de escribir y que me gustó mucho como quedó. Por eso decidí compartirlo con ustedes, mis fieles seguidores.


Intempestivo esquiador


La intempestiva tormenta azotaba la derroída construcción que lo albergaba. El único refugio que pudo encontrar a través de la ventisca que barría con todo lo que se encontraba sobre la superficie de la montaña. El gélido frío era un espectro que se filtraba por cada resquicio de la cabaña.
Los temblores que recorrían su delgado cuerpo le quitaban lentamente la fuerza vital y sus entumecidas extremidades le pasaban parte con terribles dolores.
Franco, en los segundos de lucidez que acuciaba su temerosa mente, se repetía una y otra vez que escalar la ladera sin acompañante y con tan escaso equipamiento era una locura. Amaba esquiar, disfrutaba del deporte y del paisaje con cada fibra de su ser. De todos modos, Julia tenía razón, tal apasionamiento no justificaba arriesgar la vida con imprudencia. Esperaba vivir para reconocerle que tenía razón al decirlo. Él no tomó los recaudos necesarios para la aventura en la que se embarcó en soledad.
Los minutos se fueron convirtiendo en horas y poco a poco la realidad fue abandonando al arriesgado esquiador. La naturaleza le demostraba una vez más de lo que era capaz, de la poderosa fuerza que poseía y del respeto que se merecía.
Antes de desvanecerse en la inconciencia, Franco, le dedicó su último pensamiento y suspiro a ella.

Despertó luego de una semana de permanecer en estado de coma. Un milagro sucedió aquella noche en la herrumbrosa cabaña que cobijó a nuestro personaje. Una energía inuscitada y superior logró mantenerlo a salvo de una muerte segura. Su salvador se supuso que fue su cálido y puro corazón.
Suave y apaciblemente volvió en sí. Creía encontrarse en un plano celestial, hasta que sus ojos, enturbiados aún por los sedantes, lograron reconocer la dulce mirada color esmeralda que lo colmaba de amor. Franco sabía que Julia tenía los pies sobre la tierra y que estaba tan viva como él. Aún así ella parecía un ángel y lo era para él.
Delicadas lágrimas asomaron y recorrieron sus resecas mejillas, regándolas de salado calor, cuando las últimas imágenes que recordaba surcaron su mente. El apasionado esquiador agradeció en silencio a la mujer de su vida por no permitir que la muerte lo apartara de su lado.
Julia, al notar que su amado estaba plenamente conciente, se acercó a la blanca cama del hospital y posó sus labios carmesí en los húmedos párpados de Franco. Luego tomó una de sus manos entre las suyas y ejerció una leve presión en ella brindándole consuelo. Finalmente le susurró al oído: —Nunca dejé de estar contigo allá arriba. En ningún momento me soltaste la mano. El amor obra milagros pero intenta no volver a tentar al destino.—
(Dolly Gerasol 2012 - Todos los derechos reservados - All rights reserved

Me gustaría que me dieran su opinión. Cuéntenme qué les ha parecido el relato.
Gracias por leerme.
Saludos a todos.
                                                                                                                     Dolly Gerasol