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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio XXXI

Hola a todos:

Un nuevo episodio de mi blog novela aparece ante sus ojos... ¡A disfrutarlo!


Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados - All rights reserved)

Episodio XXXI

"Lucas encontró a Agus en una cómica posición detrás de un stand, tenía las piernas flexionadas y la cola apoyada en el suelo, sus brazos estaban extendidos a ambos lados de su cabeza. Estaba en cuclillas cuando Geisha la obligó a sentarse y fue un movimiento rápido y sorpresivo, de modo que Agus no pudo ni siquiera apoyar las manos para evitar terminar casi recostada en ese rincón.
— ¿Puedo saber qué estás haciendo? –preguntó Lucas conteniendo la risa.
—Te parece gracioso, ¿eh?
Dicho esto, Agus realizó un veloz movimiento que no tenía mucho que envidiarle a la agilidad de la niña robot y con una patada hizo perder pie a su novio, quien terminó cayendo encima de ella.
—Te salió mal la jugada, jovencita. Podría haberte quebrado una costilla al caer –comentó Lucas con un brillo pícaro en sus ojos grises, mezcla de diversión y deseo por estar encima de ese cuerpo que tanto anhelaba recorrer con sus manos y su boca.
Agus sintió que se convertía en gelatina en cuanto sintió el peso de la musculatura de su adorado Lucas. Estaba tan lindo con la camisa desabrochada hasta la mitad del pecho y el cabello desordenado.
Si no hubiera sido por los gritos de Justino, que daba órdenes a diestra y siniestra, ambos hubieran sucumbido a la pasión allí mismo, en el frío piso del salón de fiestas del hotel.
— ¿Alguien puede decirme dónde están: Sandro, Lucas y Agustina? –vociferó Justino, quien a pesar de poseer un carácter tranquilo, cuando estaba enfadado o muy preocupado se convertía en una fiera.
Los enamorados esperaron unos segundos antes de incorporarse y aparecer de improviso. Lucas había tomado la mano de Agustina y ambos se habían arrastrado detrás del stand hasta la salida del patio interno, desde donde hicieron una entrada totalmente relajada.
—Hola, papá. ¿Por qué estás gritando? –comentó Agus, con la mejor cara de inocencia.
La mirada furibunda de su padre podría haberla amedrentado como cuando era pequeña y ella se mandaba alguna de las suyas, pero ahora estaba muy bien acompañada y además, ya no era una niña.
—No me mires con esa cara de “yo no fui” porque no estoy de humor –remarcó Justino mirando a su hija y luego, dirigió sus palabras al gerente de C.E.S. –. Lucas, no hay personas heridas ni accidentadas, pero aún no podemos descubrir qué fue lo que provocó el desperfecto y si alguno de los participantes cometió alguna irregularidad. No sabemos si algún visitante salió del salón con juguetes de prueba.
—Mis hombres están viendo y analizando las grabaciones, tanto las imágenes como los audios, para detectar cualquier actividad anormal o sospechosa. De todos modos, cada visitante pasó por el registro de huellas digitales, tenemos los datos de todos en caso que debamos inspeccionar sus domicilios para saber si se llevaron algún prototipo. Que los expositores chequeen sus stands y hagan un inventario –sugirió Lucas, ante la idea de que alguien pudiera haber robado juguetes.
—No estoy pensando precisamente en que haya habido robos, es para asegurarnos que ningún fabricante entregó juguetes a los visitantes, infringiendo las normas de la Asociación –dijo Justino acercándose a Lucas para clavarle una fría mirada, en parte culpaba a la empresa de Gregorio Bermúdez, que se jactaba de tener el mejor servicio de seguridad del país, de no haber previsto y evitado el incidente.
Justino sentía que había fallado como organizador y temía que los directivos de la Asociación Mundial de Jugueteros partieran del país desconformes con sus servicios. Para él era muy importante la aceptación total por parte de esas personas a las que admiraba y respetaba tanto.
Luego de dos horas de ordenar y chequear los stands junto a los directivos de las empresas jugueteras, Justino y Lucas cenaron unos sándwiches de carne y queso preparados por Sara. Mientras tanto Agustina tomaba una ducha caliente para relajarse y recuperar a su vez energías, necesitaban buscar a Sandro, quien no aparecía por ninguna parte ni daba señales de vida. Todos los empleados del hotel estaban preocupados por él, ya se había convocado una reunión donde consultaron sobre su paradero y solicitaron que estén atentos a cualquier dato importante para dar con él.

Sandro comenzaba a despertarse en la oscuridad, el olor a suciedad y el polvo suspendido en el aire lo envolvían. Estaba confundido, le dolía la cabeza y la mano izquierda, la cual estaba morada e hinchada. No sabía cómo ni cuándo había llegado allí, sentía los músculos entumecidos por lo que supuso que llevaría varias horas en la misma posición. Intentó ponerse de pie y luego de varios intentos sus manos dieron con una columna metálica que le sirvió de soporte. Las pequeñas ventanas ubicadas a dos metros de altura apenas dejaban entrar un resplandor. Su intercomunicador no estaba en su sitio y sus bolsillos estaban vacíos, no poseía ningún objeto personal. Alguien lo había golpeado, aunque no podía especificar dónde, ya que le dolía todo el cuerpo; al parecer él se había defendido con un rudo puñetazo, sino no tendría la mano en ese estado. Le había robado sus pertenencias, incluso su reloj R9, aún no comprendía cómo había logrado sacarlo de su muñeca sin lastimarlo, ya que tenía un cierre codificado y el material era altamente resistente. Lo único con lo que contaba para salir de allí era con su maltrecho cuerpo; si quería regresar al hotel o a su hogar tendría que caminar, pero primero debía asegurarse de que estaba solo en ese lugar y que no corría peligro si escapaba, algo en su interior le decía que no se había tratado de un simple robo."

¡GRACIAS POR LEER Y COMENTAR!
Los espero el próximo miércoles con un nuevo y emocionante episodio.
Saludos a todos.
                                                                                                               Dolly Gerasol