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jueves, 26 de julio de 2012

Relato Aniversario de Adictos a la Escritura

Hola a todos:

En esta oportunidad comparto con ustedes un nuevo relato basado en un proyecto del blog Adictos a la Escritura
Antes de contarles de qué se trata, quiero decirles que dicho blog cumple un año más en la blogosfera. Por ello, quiero felicitar a sus creadores y administradores por generar un espacio tan lindo para convocar a quienes disfrutamos escribiendo.

Ahora sí, les cuento en qué consiste el ejercicio de julio, "Juntos, revueltos y de aniversario"

hacer un relato en el que habrá que incluir los siguientes elementos: dos personajes (de un listado generado por los miembros del blog) que serán de libre elección, y un escenario (o concepto) con el que deberán interactuar. El aniversario, en su sentido más amplio, debe ser el centro de la narración.
Bueno, aquí les dejo mi creación...

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA
A la sombra de la tarde, el crítico literario y el colibrí, comen las últimas migas de torta debajo de un árbol y celebran un año más de trabajo y amistad. Ambos miran hacia la parte del jardín donde se conocieron y recuerdan el encuentro con una sonrisa reflejada en sus ojos.
Lucio, un crítico literario muy respetado en su medio, no lograba su merecido reconocimiento. Él era un crítico “de los de antes” y, lejano a los de ahora, no sacaba conclusiones apresuradas sobre los demás, siempre ha dado lo mejor de sí mismo como profesional y nunca su dedicado talento fue impulsado por el dinero. Por todas estas cualidades, a nadie le extraña que Lucio sea un hombre solitario.
Una cálida tarde de primavera, mientras se refugiaba en su habitación repleta de libros, un colibrí cayó herido en el jardín de su casa. Lucio, alertado por el lastimero piar del pájaro, se asomó y lo encontró tendido en el césped, un bultito verde tornasolado. El colibrí tenía una patita quebrada y le tomó más de dos semanas recuperarse. En ese tiempo, Lucio le dedicó una atención desmedida y se encariñó con él.


El hombre leía en voz alta y, sentado en su silla mecedora, hamacaba al colibrí en su regazo; así compartía las horas con el pajarito al que nombró: Pipín. Sin darse cuenta le hablaba a Pipín como si éste fuera una persona y de esta manera, su diminuta compañía ocupó el vacío de su desolada existencia.
Los días pasaron con tranquilidad hasta que el colibrí se recuperó por completo y ocurrió un hecho tan inusual como sorprendente: Pipín habló… Mientras Lucio compartía en voz alta la conclusión de su crítica más reciente, el colibrí dijo con una voz chillona: —Lucio, no estoy de acuerdo contigo. Creo que la novela en cuestión tiene deficiencias en su desarrollo.
El susto recibido al escuchar a Pipín y el asombro por el significado de sus palabras, desmayaron a Lucio sobre la alfombra de la habitación. Luego de cinco minutos, Lucio despertó y volvió a desvanecerse cuando Pipín preguntó: — ¿Te sientes bien?
El colibrí esperó hasta que al fin Lucio recobró la compostura, decidiendo creer y aceptar la situación. Pipín no sólo era un pájaro hermoso, también había sido la mascota de un reconocido crítico literario fallecido. El colibrí perdió a su amo y la capacidad de adaptarse a la vida silvestre, entonces salió en busca de un nuevo crítico que lo recibiera en su casa. Nunca imaginó que con una pata rota alcanzaría su objetivo, pero como “no hay mal que por bien no venga”, así lo logró.
Ahora, Pipín picotea la mano de Lucio con ternura mientras éste, con la mirada perdida en los recuerdos, dice: —En esta primavera celebramos cuatro años de críticas compartidas…
—Y la derrota de nuestras soledades…–concluye el colibrí levantando victorioso la patita que los reunió aquella accidentada tarde.


Espero que lo hayan disfrutado. 
Saludos a todos.
                                                                                                                  Dolly Gerasol