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miércoles, 8 de agosto de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio XVI

Hola a todos:

Un nuevo episodio ha llegado... Les cuento un secreto... Cada día estoy más encariñada con los protagonistas!!!
Qué disfruten la lectura!!


Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados - All rights reserved)

EPISODIO XVI

"Agustina despertó con el sonido de varios golpecitos en la puerta de su habitación. Había dormido tan profundamente que no recordaba ni qué día era. Con el cabello revuelto y el vestido lleno de arrugas se desperezó y bostezó. Luego, decidió acercarse a la puerta para ver quién la visitaba.
— ¡Hola! ¿Quién es?
—Cariño, soy papá. ¿Puedes abrirme? –preguntó Justino con tranquilidad.
Agus abrió la puerta y se recostó en la cama mientras decía: —Papi, ¿qué haces acá? ¿Qué hora es?
—No sabía que estabas durmiendo, nunca lo haces en este horario. Son las siete de la tarde –respondió sorprendido.
— ¿Las siete? ¡Qué horror! Hace más de dos horas que duermo… y nadie sabía nada. ¿No estabas preocupado? –dijo mirándolo con suspicacia.
—Los muchachos de la sala de seguridad me dijeron que te vieron entrar, pero no salir. Supuse que estabas ocupada con tus cosas.
Justino tenía la certeza, gracias a los chips localizadores ubicados en sus calzados, de que su hija estaba allí. Sabía que Agus no habría salido descalza a la calle. Sólo Lucas y él poseían los receptores de las señales de dichos chips. A Justino le caía bien el gerente de C.E.S., no sólo por la confianza que su amigo Gregorio depositaba en él, sino por la manera en que se desenvolvía y por el respeto que despertaba en los demás, incluso en su rebelde hija, por eso le confiaba la vigilancia de Agustina. Lo que aún le intrigaba era el hecho de que ellos se conocieran, tendría que indagar al respecto.
—Hija, tengo un rato libre, por eso vine. Quiero que hablemos un poco.
—Papá, si es para retarme porque me metí en la reunión… Déjalo así. Lo siento, pero ya te dije que conozco al japonés y no me agrada en absoluto –comentó la joven mientras se dirigía al baño para cepillarse el cabello.
—No quiero que te metas en líos. Sólo eres una jovencita curiosa y despreocupada que suele correr riesgos innecesarios. Ya hay gente calificada para las tareas de seguridad, deja de meterte donde no debes –ordenó Justino más preocupado que enfadado.
Obviamente, el tono autoritario de su padre hizo que en la adolescente comenzara a bullir la rebeldía. Con las manos en la cabeza enlazando su cabello en una coleta, Agus respondió tajante: —El día que confíes en mi criterio y dejes de verme como a una niña, podremos ser un equipo. Yo he visto de cerca a las mujeres que acompañan a Tanaka y te puedo asegurar que no son humanas. Además, son peligrosas y yo sé dónde encontrarlas en caso de que haga falta. Pero… como soy una mocosa irresponsable, tendrás que dejar todo en manos de tu amigo Bermúdez.
La angustia se reflejó en el rostro del dueño del hotel. Luchar sólo contra una adolescente temperamental no era sencillo. Justino decidió contar hasta cien antes de continuar la discusión y mientras tanto rezó en silencio para que la paciencia nunca lo abandonara.
Durante el silencio entre ellos, Agustina recordó el momento vivido en la reunión de premiación y luego, sus mejillas adquirieron un color sonrosado cuando su mente y su cuerpo rememoraron las caricias y besos de Lucas. “¡Lucas! Quedó en llamarme. Tengo que bañarme y cambiarme para salir…”
—Papá, no quiero estar enojada contigo. Mañana desayunamos juntos y seguimos la charla, ¿sí? Necesito tomar un baño.
El tono dulce e inocente con que Agustina hablaba en ciertas ocasiones era tan poderoso que lograba que las personas sonrieran sin siquiera desearlo. Justino exhaló un suspiro y relajó sus hombros mientras pensaba: “Esta chica me va a volver loco… Esposa querida, daría lo que fuera para que estuvieras aquí, tú la comprenderías…”
—Agustina, preferiría que cenáramos juntos hoy. Quiero que me cuentes más acerca de Tanaka. Además, hace mucho que no hablamos del colegio, los chicos… ¿Nos encontramos a las once en el comedor? Pídele a Sara que prepare lo que más te guste -. concluyó Justino acercándose a su hija para abrazarla –Mi pequeña, cuidate mucho y confía en mí, sólo quiero protegerte y verte feliz.
Mientras hablaba, los ojos de Ferrari se empañaron con lágrimas de amor paternal hacia su única hija, fruto del maravilloso amor entre él y su difunta esposa.
Agustina acompañó a su padre hasta la salida y le prometió que cenarían juntos.
Justino partió sin respuestas acerca de dónde conocía su hija a Seagal, pero en la cena no se le escaparía la oportunidad de averiguarlo.
Agustina decidió que vería sólo un momento a Lucas, no quería que alguien sospechara que entre ellos existía un comienzo de relación amorosa. Primero quería asegurarse de que Lucas era el hombre indicado y que sus intenciones eran sinceras y no pasajeras. Más adelante, hablaría con Sara y si todo marchaba sobre ruedas le contaría a su papá. A partir de ello, Lucas y ella pasarían mucho tiempo juntos; era lo que Agustina deseaba. “¿Cuáles serán los deseos de Lucas? ¿Querrá compartir más momentos conmigo?” Los pensamientos volaban en la mente de Agus y su juvenil cuerpo anhelaba las caricias de Lucas mientras el agua tibia de la ducha se deslizaba por su tersa y blanca piel."

¡Gracias por estar del otro lado, leyéndome! :-)
Saludos a todos.
                                                                                                                  Dolly Gerasol