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miércoles, 15 de agosto de 2012

Los juguetes de Katsuo: Episodio XVII

Hola a todos:

Hoy llega un nuevo episodio de mi novela, cargado de mucho romance ;-)



Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados - All rights reserved)

EPISODIO XVII

"Agustina en media hora estuvo lista para salir a dar una vuelta con Lucas. Mientras esperaba su llamado, ordenó algo para merendar en su habitación. Cuando estaba sorbiendo el último trago de café, perdida en sus pensamientos, sonó el teléfono.
— ¡Hola! ¿Quién habla?
—Quiero hablar con la señorita más linda del “Ragguardevole” –dijo Lucas en tono seductor.
Agustina sonrió y le siguió el juego: —Mmmm… Me parece que ha errado el número de habitación…
—A mí me parece que estoy escuchando la voz correcta, jovencita. ¿Estás lista para salir conmigo?
—Tal vez… -respondió y dejó un hilo de silencio para generar expectativa y calmar a su vez los alocados latidos de su corazón enamorado- Lucas, esperame en el estacionamiento de abajo, en cinco minutos te busco.
Agus cortó la llamada sin dar tiempo a réplica, dejando a Lucas encendido de anhelo por tenerla cerca nuevamente. Enseguida, la joven recogió su abrigo y su cartera, roció su cabello con un delicado perfume de vainilla, comprobó frente al espejo que lucía ideal para conquistar a su chico y abandonó el hotel con disimulo por la puerta de servicio.
Lucas no paraba de jugar con el llavero que colgaba del cinto de su pantalón de gabardina azul, estaba nervioso como un adolescente. Agus lograba hacerlo sentir vivo, joven y alegre, aunque a veces lo sacara de quicio con su impertinencia. Además de hermosa e inteligente, él se sentía cómodo con ella, se sentía especial…
Agustina logró llegar junto al auto de Lucas sin ser vista por su padre, Marcos o Sara. Cuando salieran del estacionamiento le avisaría a Sara que volvería para la cena con su padre y le pediría que cocinara canelones de verdura con salsa blanca, ya que Justino quiería que eligiera el menú.
Al llegar junto al deportivo azul noche de Lucas, golpeó la ventanilla del lado del acompañante y al instante él destrabó la puerta para que entrara.
—Hola, bonita. Me gusta tu pelo suelto –dijo, mientras se acercaba a ella, posaba sus labios en su mejilla y olía su perfume.- Mmmm, qué rico. Me dan ganas de saborearte aquí mismo –agregó con la voz ronca por el deseo que comenzaba a palpitar en su cuerpo.
Agustina pensó que se derretiría allí mismo si él seguía hablando de ese modo. Intentando recobrar la cordura, dijo: —Lucas, basta ya. No quiero que alguien nos vea. Acá también hay cámaras, bastante con el numerito que montamos más temprano en el pasillo.
Lucas reaccionó al instante, había tenido suficiente cháchara de parte de su amigo Marcos con respecto a lo que vio junto a los empleados de seguridad de turno. Había estado cerca de ser visto por Justino mientras se "aprovechaba" de su pequeña hija.
— ¿Adónde te gustaría ir? –preguntó Lucas mientras aceleraba para subir la rampa y salir al exterior.
—No he pensado en ningún lugar en especial. Además, voy a cenar con papá hoy y no quiero llegar tarde –respondió Agus mirando a través de la ventanilla para no lanzarse sobre Lucas y devorarlo a besos. El perfume de él se colaba por sus poros y le erizaba la piel, además estaba hermoso con su look de elegante sport.
—Hace frío y está lloviznando, así que buscaremos un lugar cerrado. Te invito a tomar una cerveza en algún bar de Palermo Hollywood, ¿está bien?
Lucas conocía algunos lugares tranquilos y cálidos como para pasar un rato juntos y disfrutar de cierta intimidad. Además, eran las ocho de la noche, un horario familiar, libre de borrachos y busca pleitos.
—Sí, está bien. Yo acabo de merendar, pero me gustaría tomar una cerveza.
Agus no estaba acostumbrada a consumir bebidas alcohólicas, pero los fines de semana disfrutaba bebiendo con moderación: cerveza negra, champaña o el limoncello que enviaban los familiares de su padre desde Italia.
Cuando estuvieron ubicados juntos en un cómodo sillón frente a una ventana, envueltos por la calidez del lugar y la agradable música, ambos se relajaron y dedicaron varios minutos a observarse uno al otro. Ordenaron dos cervezas tiradas y una picada simple. El estómago de Lucas pedía algo más sustancioso, pero Lucas se abstuvo de hacerle caso porque lo que más deseaba en ese momento era poder deleitarse con la compañía de la joven Ferrari.
—Agus, me tienes todo para ti. Me gustaría que aprovecharas a preguntarme lo que quieras... –comentó mientras acariciaba la rosada y suave mejilla de ella.
Sentirlo cerca, ser el centro de toda su atención, perderse en sus ojos tormentosos y creerse la mujer más afortunada del mundo por estar pasando un momento así con el hombre que acababa de robar su corazón, sumía a Agus en un sopor dulce y agradable, casi mágico.
Cuando Agustina se giró hacia Lucas para formularle la primera pregunta, él vio un brillo especial en su mirada, sus ojos verdes lo hipnotizaron, haciendo que su corazón palpitara de alegría. Lucas se sentía confundido, aterrado, pero a la vez curioso por descubrir la causa de sus reacciones ante ella. Ambos habían logrado dejar afuera del bar todas las preocupaciones y responsabilidades, sabían que disponían de poco tiempo para compartir a solas y querían aprovecharlo al máximo.
—Lucas, ¿qué pensaste de mí el día que nos conocimos? Me encontraste espiando como una vulgar… chusma –puntualizó Agus, sintiéndose un tanto avergonzada.
Lucas evitó echarse a reír para no hacerla sentir mal, pero la verdad era que acababa de causarle mucha gracia el comentario.
—Agus, no pensé que fueras una entrometida, tan sólo me preocupé… Porque vi que eras una adolescente inofensiva, aunque un poco curiosa… -comentó sonriendo y esquivando el manotazo que ella le lanzó ante su descripción.
—No solo pensaste que era chusma sino también una mocosa… Gracias… ¿No podía ser una espía disfrazada de colegiala? –exclamó Agus.
La hija de Justino odiaba que menospreciaran su inteligencia o sus habilidades sólo porque era menor de edad. Ella se sentía joven y lo era, pero siempre había creído que era más madura que el resto de sus compañeros de colegio, como si su mente fuera de alguien de veinticinco y no de dieciocho. Tal vez se debiera al hecho de perder a su madre siendo tan pequeña, aunque nunca había ido a terapia como para averiguarlo.
Lucas no quería que se sintiera molesta, pero ella parecía una chiquilla y él a su edad había sido inmaduro y cabeza fresca, al igual que su hermano y su prima, por lo tanto creía que todos los adolescentes lo eran. Aunque día a día, desde que conoció a Agus, comenzó a cambiar de parecer. Ella, al menos, parecía ser la excepción a la regla y se lo demostraba cada vez que se veían.
Lucas se quedó en silencio, observándola embobado. Agustina, al verlo en ese estado, le arrojó un par de maníes y comenzó a reírse a carcajadas. Se sentía feliz de estar así con él y además acababa de ver una luz de esperanza con respecto a que Lucas pudiera corresponder su amor. Lo notaba en el modo en que la miraba o la acariciaba y lo notó en los besos ardientes que se dieron en la puerta de su habitación. Anhelaba con todo su corazón no estar malinterpretando las actitudes de Lucas hacia ella, necesitaba amarlo y ser amada."

Espero hayan disfrutado la lectura.
No olviden dejar sus opiniones.
Saludos a todos.
                                                                                                        Dolly Gerasol