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miércoles, 22 de agosto de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio XVIII

Hola a todos:

Como todos los miércoles, un nuevo episodio ve la luz en el blog. Hoy, van a suspirar con los protagonistas ;-)

¡Disfruten la lectura!


Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados - All rights reserved)


"—Agus, quiero que sepas que… estoy disfrutando mucho este momento. Adoro tu risa... –comentó el gerente de C.E.S. acercándose más a Agus en el sillón.
—Yo también estoy contenta de estar con vos… acá –dijo Agus agachando la cabeza para evitar que él viera su sonrojo. Seguramente ya había dejado en claro que estaba loca por él, pero cuando podía refrenarse lo hacía.
Lucas le tomó la barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos. Lentamente se acercó a su boca y la besó, saboreándola con calma y profundidad. Los latidos de sus corazones retumbaban acompasados y comenzaron a sentir la sangre caliente corriendo deprisa por sus venas. La luz tenue del local brindaba cierta intimidad, pero de todos modos no era el sitio indicado para desatar su pasión, por lo tanto Lucas con gran esfuerzo recobró la lucidez. Respiró profundo y dijo en un susurro: —Eres muy hermosa… Voy a pedir la cuenta. Antes de llevarte de regreso, quiero que demos un paseo por la Costanera.
Agus, sin poder recobrar el aliento, asintió. Vació de un trago lo que quedaba en su vaso y se colocó el abrigo. Luego, comentó en tono casual: —Cuando te vi por primera vez aquel día… me encantaron tus ojos, tu mirada me dejó muda…
A Lucas lo tomó desprevenido la confesión, no pensó que ella admitiría que se había sentido atraída por él desde el principio. Sonrió con satisfacción, la abrazó y le susurró al oído: —A mí me encantó tu carácter y tu belleza…
Agus sintió por primera vez en su vida, el deseo carnal naciendo desde lo más profundo de su ser. “Lucas, ojalá seas el indicado, porque te deseo, quiero ser tuya”, pensó Agustina mientras sus ojos se volvían verdes pozos de agua turbulenta. Agus sentía terror de entregarse al hombre equivocado y confusión por sentirse de esa manera con él.
El mozo trajo la cuenta y percibió con claridad la turbación de la joven. Estaba acostumbrado a no meterse donde no debía, pero mientras veía alejarse hacia la puerta a la pareja pensó: “Es una niña, se la ve tan frágil… Espero que él no le haga daño”.
Lucas salió a la calle con “cara de pocos amigos“, había notado el modo en que el mozo miraba a Agustina, como compadeciéndose de ella. Había captado la mirada reprobatoria del hombre hacia él, como si fuera un depravado; si bien Agus aparentaba menos edad de la que tenía y él más, eso no lo ponía en lugar de un pervertido.
—Lucas, ¿qué te pasa? –preguntó Agus preocupada ante el drástico cambio en su semblante.
Subieron al auto rápido para no mojarse y Lucas mantuvo el mutismo el tiempo suficiente como para calmar sus tortuosos pensamientos. No quería arruinar el día recordando malos tragos del pasado. El año anterior había encontrado en una calle oscura, mientras investigaba, a una chica de la edad de Agus. La joven había sido abusada por un tipo de treinta años, según le contó la policía cuando terminaron de interrogarla. Cuando el padre de la joven llegó a buscarla, pensó que Lucas era el causante de la desgracia. Tuvieron que esposar al hombre para que dejara en paz a Lucas. Cuando le explicaron que él la había auxiliado, se deshizo en disculpas que no alcanzaron para mitigar las palabras hirientes de minutos antes.
Agustina no quiso presionarlo y esperó, tal vez Lucas decidiera contarle lo que le pasaba más tarde. Mientras tanto decidió encender la radio para relajarse con un poco de música.
—Agus, lo siento. Sólo que recordé algo que me pasó hace un tiempo y nada… dejé que me agriara el humor –comentó mientras detenía el auto en un sector de la Costanera que usualmente brindaba una agradable vista al Río de la Plata, aunque ahora la llovizna no permitía disfrutar de ella.
Luego, se sentó de lado para mirarla mejor y dijo: —Agus, sé que apenas me conoces y no hemos tenido oportunidad, hasta hoy, para estar juntos… Quiero que sepas que puedes confiar en mí y que nunca te haría daño…
Agustina estaba confundida por sus palabras y por su semblante taciturno y preocupado. No comprendía la razón de la aclaración, ella nunca había sentido temor junto a él.
—Lucas, yo no tengo miedo. ¿Por qué ibas a hacerme daño? Si no confiara en ti no estaría acá, ¿no? –respondió con calma.
Ella no le temía a él, sólo le temía al deseo que desataba en ella. Aún así, se acercó a Lucas y posó su mano en su mejilla, acariciándola con los dedos. Lucas se relajó ante la actitud confiada de Agus y dijo: —Quiero hacer las cosas bien contigo. No quiero que tu padre me eche a patadas del hotel. Necesito saber que te sientes bien… Agus… me estoy enamorando y no soportaría echarlo a perder…
Agustina se quedó muda y sintió que se fundía con el cuero del tapizado, derretida de amor por ese hombre dulce, hermoso y desconocido. No creía lo que escuchaba, él se le estaba declarando. Las lágrimas comenzaron a rodar por su cara sin siquiera notarlas. Lucas estaba atónito, acababa de abrirle su corazón a Agus y no le había costado ningún esfuerzo, era totalmente vulnerable ante ella, ante su dulzura y su belleza. Esperaba que las lágrimas de Agus fueran de alegría por saberse querida, sino tendría que abandonar la vigilancia del “Ragguardevole” y alejarse de ella cuanto antes.
No se animaba a hablar, las gotas de lluvia golpeando contra el techo del auto y la música tenue de la radio eran los únicos sonidos. Finalmente, Lucas decidió secar las mejillas de Agus con sus dedos y luego, comenzó a besarla despacio. Agustina reaccionó lanzándose sobre él y abrazándolo con fuerza, aprentándolo contra su cuerpo para fundirse en él.
—Agus, mi amor… Me estás ahogando… -comentó Lucas con voz apagada, intentado desprenderse con suavidad de su abrazo.
Agustina aflojó los brazos, rió de pura dicha y dijo: —Lo siento, no sabía que tenía tanta fuerza… No quiero matarte cuando acabas de decirme que sientes algo por mí…
Hizo una pausa y agregó: —Lucas, quiero pasar tiempo contigo. No podría pensar en no volver a verte porque ya estoy enamorada… Sólo voy a pedirte algo: no juegues con mis sentimientos porque no podría soportarlo.
Luego de los besos de despedida, los enamorados retornaron a sus actividades con cierto pesar por alejarse del cálido encuentro, pero dichosos de haber compartido tan profundos instantes juntos.

Agustina llegó a tiempo a la cena con su padre. A Justino no le pasó desapercibida la alegría de su hija y el brillo que despedía su mirada. Sabía que Agustina había salido con Lucas, pero le había pedido a Sandro que los dejara solos, confiaba en que Seagal cuidaría de su pequeña. Lo único que lo preocupaba ahora era que el joven pudiera herir la inocencia y la confianza de Agus, aún no estaba seguro de que el gerente de C.E.S. viera a su hija como una mujer, de la misma manera que ella lo veía a Lucas como hombre. Su pequeña había crecido…
Ante el silencioso escrutinio de su padre, Agus decidió hablar para romper el hielo: —Papá, extrañaba nuestras cenas… Hace más de dos semanas que no compartimos una…
—Ejem… Sí, es cierto –respondió Justino aclarándose la garganta y colocando la servilleta de tela sobre su regazo para evitar manchar sus pantalones mientras comía.
—Estás serio y distraído… ¿Te preocupa algo en especial?
—Estoy un poco cansado, además pronto será la Exposición y estoy abrumado por los recuerdos…
En verdad, Justino había estado mirando fotografías de las visitas realizadas con su esposa a las Exposiciones de distintas partes del mundo. Añoraba a la madre de su única hija, a la dueña de su corazón y a la esposa fiel y cariñosa.
Agus tomó la mano de Justino por encima de la mesa y le dio un apretón cariñoso para darle ánimo; ella también extrañaba a su mamá, pero sabía que ella velaba por ellos desde donde estaba y esa sensación la confortaba siempre.
—Dale, Papi. Disfrutemos la cena… mamá estará presente… siempre lo está…
Justino sonrió ante las palabras de su hija y decidió disfrutar de la deliciosa cena con la mejor compañía. Mientras saboreaban los canelones, hablaron de la Convención, del hotel y de algunas trivialidades.
Después de comer, Justino, más relajado y tomando un café, recordó que tenía algo que preguntarle a Agustina.
—Agus… -pronunció su nombre para captar su atención, la joven estaba perdida en sus pensamientos y sonreía con disimulo.
— ¿Qué? –preguntó alzando la vista hacia su padre mientras quitaba de su mente los recuerdos de la tarde.
Cuando Justino notó que su hija volvía a centrarse en la realidad, dijo: —En la reunión de premiación noté algo que me gustaría confirmar contigo.
— ¿Es acerca de Tanaka?
—No, ese tema lo tocaremos mañana en una reunión en la sala de seguridad. Por cierto, me gustaría que asistas…
Agustina sorprendida ante sus palabras, acercó más la silla a la mesa para escuchar bien de cerca lo que su padre decía, dedicándole completa atención.
—Tu actitud indica que te agrada la idea, ¿verdad? –comentó Justino sonriendo.
— ¡Claro! Con tu invitación estás diciéndome que confías en mi criterio y te interesa lo que sé o pienso respecto de la seguridad de nuestro hotel.
La seriedad en la respuesta de Agustina, le confirmó a Ferrari el acierto de su decisión de incluirla en la charla de mañana.
—Has hecho una correcta deducción. Temprano en la mañana me comunicaré con Seagal para arreglar el horario, te lo diré en el desayuno –. Mientras veía la reacción de Agus ante la mención de ese apellido, continuó: —Noté que Lucas y tú se conocían de antes… ¿Dónde lo conociste?
La seguridad con que Justino habló, dejó en claro a Agustina que no podría mentirle sin quedar en evidencia. Decidió evadir el tema, pero no resultó.
—Quiero una respuesta, ahora. Si me mientes, lo descubriré y no querrás que pierda la confianza en ti…
Agus tragó los restos del café que parecieran haberse quedado suspendidos en su garganta y luego de toser un poco respondió: —Lucas y yo… Nos conocimos en la calle.
Justino frunció el ceño y la instó a que continuara con más detalles.
—El día que me escapé de la custodia de Marcos y descubrí el depósito de juguetes de Katsuo Tanaka…
Ahora sí que el dueño del “Ragguardevole” estaba totalmente confundido, a tal punto que se quedó mudo, cruzando la mirada con la de su pequeña.
—Mañana hablaré con ustedes dos antes de la reunión y espero que no se olviden de contarme ningún detalle.
Justino se puso de pie y sin despedirse de su sorprendida hija, abandonó el comedor." 

Espero que les haya gustado este nuevo episodio. A mí cada día me entusiasma más escribir esta novela...
Saludos a todos.
                                                                                                             Dolly Gerasol