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miércoles, 20 de junio de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio IX

Hola a todos:

Un nuevo episodio de mi blog novela. No olviden dejar sus comentarios para inspirarme :)


Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados-All rights reserved)

Episodio IX

"Agustina acostumbraba ingresar al hotel por la entrada de servicio, por lo que se encontró con Sara antes que con su padre.
—Hola, Agus. ¡Qué bueno que estás de mejor humor! La caminata te hizo muy bien al parecer -comentó Sara contenta por ver sonreír a su sobrina del alma.
Agustina no quería que nadie notara el motivo de su cambio de ánimo, aunque sospechaba que a Sandro no se le había escapado la deducción. Esperaba que no le comentara nada a su padre, sino éste le haría una entrevista para conocer al fulano que le alegraba la vida.
—Sí, tía. Me siento mejor, aunque espero no pescar un resfriado. Hace mucho frío afuera -contestó mientras se acercaba a darle un beso y un abrazo.
Luego, se sirvió un pedazo de pastel de chocolate y comenzó una amena charla con Sara. A los diez minutos de iniciada la misma, Justino ingresó en la estancia con semblante serio y preocupado.
— ¿Está todo bien, Pá? No traes buena cara -observó Agustina dejando de lado el pastel.
—Hija, si terminaste con eso, quiero que vengas conmigo a la sala de seguridad. Necesito comentarte algo importante.
La severidad de sus palabras no auguraba que la información fuera agradable.
Se despidieron de Sara y se dirigieron al cuarto piso del edificio, donde se encontraba el sistema central de control de cámaras, micrófonos y dispositivos de seguridad de todo el hotel. Agustina no acostumbraba ingresar allí, sentía que ese sitio era casi sagrado y el trabajo que se desarrollaba ahí dentro no debía ser interrumpido ni distraído con nimiedades. La sala era una habitación amplia, repleta de diversos artefactos tecnológicos, algunos fáciles de manipular y otros que Agustina no alcanzaba a entender cómo funcionaban. En una caja de seguridad se encontraban las armas que necesitaban para proteger a las personas que transitaban por el hotel, además de las que portaban en sus jornadas laborales los empleados a cargo de tales tareas.
Justino tenía doce hombres contratados para defender y cuidar la vida y los intereses de quienes formaban parte del hotel o lo visitaban. Estos cumplían turnos rotativos que cubrían las veinticuatro horas del día. Normalmente alcanzaba y sobraba esa cantidad de personal, pero en acontecimientos de la magnitud de la Convención, pecaba de escaso; por eso se contactó con su amigo Gregorio Bermúdez y le pidió refuerzos. Como a C.E.S. le convenía tener acceso a los invitados de la C.I.F.J. hicieron un acuerdo de mutua y leal cooperación.
Justino se conectaría con la sede central de C.E.S. las veinticuatro horas desde su habitación o desde la sala que disponía en un lugar estratégico del hotel, para intercambiar novedades.
Los dos hombres de turno, saludaron a Agustina cuando ingresó en la sala, sin dejar de monitorear lo que acontecía en diferentes sectores de las instalaciones, mientras se comunicaban con los compañeros que patrullaban dentro y fuera del hotel.
La ciudad se había vuelto peligrosa y los maleantes atacaban en comandos, estaban bien preparados y acechaban a las personas que ostentaban mucho dinero y poder; por eso el “Ragguardevole” solía estar en la mira. Aunque no era el único, ya que Puerto Madero era una zona hotelera por excelencia.
Agus conocía a todo el personal de la empresa, su padre siempre le presentaba a los nuevos empleados. Justino consideraba que su hija, como heredera del negocio, debía estar al tanto de todo en caso de que él faltase sin previo aviso. Ella conocía el funcionamiento integral y dónde se guardada la documentación importante del hotel, lo único que no conocía demasiado era lo que se encontraba en esa habitación en particular y cómo se llevaban a cabo las tareas específicas de seguridad; pero para eso estaban los hombres como Sandro, aunque él, desde hacía tres años, ocupaba el puesto como su guardaespaldas personal.
Justino quería darle a conocer a Agustina el acuerdo que tenía con la empresa de Bermúdez, porque iba a toparse con nuevos hombres y equipos de inteligencia que no les pertenecían.
—Hija, bien sabes que la Convención ha reunido a muchas personas importantes y adineradas. La seguridad habitual que poseemos resultó insuficiente, por lo tanto, contaremos con la ayuda de la empresa de mi viejo amigo, Gregorio Bermúdez. Cuando lleguen los empleados que él destinó a esta tarea, te los iré presentando –le explicó mientras le mostraba el equipamiento- Voy a necesitar que vengas de vez en cuando a esta sala, más ahora que estás de vacaciones, para que te mantengas al tanto. En caso de que yo esté demasiado ocupado, tú serás mi asistenta.
Le hablaba con tranquilidad y seriedad, consideraba a Agustina como una persona adulta, a pesar de estar en plena juventud. Para lo que tuviera que ver con el negocio familiar, su hija dejaba de ser la pequeña niña a la que protegía a sol y sombra.
La joven asintió sin interrumpir las palabras de Justino, quien agregó: —Tenías razón cuando, hace unos días, me insististe con que extremara las medidas de seguridad. Afuera anda mucho buitre suelto y la policía no alcanza para protegernos a todos -finalizó un tanto desmoralizado. Su amigo Gregorio le había advertido acerca de su nuevo huésped: Katsuo Tanaka. Le contó acerca de la información que los alemanes recabaron sobre éste mediante la investigación que llevaban adelante desde hacía varios meses. El dueño del hotel prefirió guardarse para sí tales detalles, no quería generar una paranoia frente a la posible peligrosidad del sujeto.
Agus se sentía importante y se alegraba mucho cuando su padre depositaba su confianza en ella y la tenía en cuenta en sus decisiones.
—Me alegra saber que has escuchado mis advertencias y poder ayudarte a cuidar el hotel y su gente. Aunque sea una adolescente despreocupada, tengo conciencia de la situación actual y de la importancia de la Convención -apuntó mientras evocaba en su mente las palabras que Fabio le dijera el día que se conocieron: “No vuelvas a salir sola a deambular por la ciudad. Hay muchos peligros acechando. La Convención está atrayendo personas malvadas a Buenos Aires. Ten mucho cuidado, incluso dentro del hotel.”
—Hija, te quedaste muda… No me gusta preocuparte más de lo normal para tu edad. No debería complicar tu vida con los problemas de los mayores -dijo Justino lamentándose por asustar a su pequeña.
—Papá, no soy una nena. Si no cuentas conmigo voy a sentirme peor. Además, no me gusta vivir en una burbuja de cristal, ya lo sabes -comentó mientras sonreía con dulzura para relajar la tensión.
—Cuando tenga más novedades te las haré saber. ¿Te gustaría que nos tomemos un rato libre? Necesito despejarme un poco -comentó Justino mientras se pasaba una mano por sus cabellos entrecanos- Podemos ir al shopping a dar una vuelta y hacer algunas compras.
—Me gustaría más ir al cine súper tridimensional. ¿Te parece bien? -invitó Agus con su tierna mirada convincente.
—Lo que tú quieras –aseguró y la besó con cariño en la frente.

Cuando Sandro recibió la confirmación del señor Ferrari de que él y su hija iban a ausentarse un par de horas, aprovechó para cumplir el plan trazado por Lucas y Justino para reforzar la protección de Agustina.
Lucas Seagal le había entregado a Justino varios chips localizadores, para que colocara en los calzados de su hija; de esta manera la tendrían vigilada permanentemente, sin correr riesgos cuando ella eludiera a sus guardaespaldas.
Sandro necesitó de la complicidad de Sara para acceder a la habitación de la joven, sólo Agustina y su tía contaban con llaves magnéticas para entrar. Además, Sara tendría que recolocar los objetos que Sandro manipulara, porque ella era quien conocía lo observadora y metódica en el orden de sus pertenencias que era la señorita Ferrari. Agus no poseía objetos demasiado costosos, lo valioso para ella era su espacio personal y su orden particular.
Al finalizar, Sandro comunicaría a los dos hombres interesados en la protección de Agustina que el trabajo estaba terminado."

¡Gracias por leerme!
Saludos a todos.
                                                                                                             Dolly Gerasol