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miércoles, 6 de junio de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio VII

Hola a todos:

Hoy es el día de la publicación semanal de mi blog novela. Espero disfruten este nuevo episodio.


Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados-All rights reserved)

Episodio VII
"La copa de recepción se desarrolló con tranquilidad; al finalizar Justino recibió elogios por la calidad y perfección de la organización y la atención brindada. El padre de Agustina estaba muy contento y entusiasmado con lo que vendría. Al día siguiente, alrededor de las dos de la tarde, se desarrollaría la primera reunión que consistiría en presentar a los nuevos empresarios y a los renovados directivos de las antiguas compañías; además se comentaría el programa completo para el resto de la semana, por si acaso hubiera que realizar alguna modificación.
Durante la apertura de la Convención, Agustina y Fabio se mantuvieron alejados, uno en cada extremo del salón. Ambos observaron con disimulo al japonés y la mujer robótica, éstos se comportaron con corrección y no se destacaron de las demás personalidades, pero sus miradas parecían escanear el entorno de manera detallada, hecho que no pasó inadvertido para los intuitivos jóvenes.
Fabio se retiró del lugar sin despedirse de Agustina ni de ninguna otra persona. Cuando ella lo perdió de vista, sintió deseos de correr tras él y pedirle que le contara todo lo que sabía acerca de aquellas personas y, principalmente, de los juguetes almacenados en el depósito.
Esa noche, mientras dormía, los sueños y pesadillas le impidieron a Agus descansar bien. Al día siguiente, amaneció con dolor de cabeza y mal humor. Al menos la tranquilizaba saber que por dos semanas no tendría que asistir al colegio, las vacaciones de invierno acababan de comenzar.
Sonó el teléfono de su habitación y contestó de mala gana: —Hola. ¿Quién es?—
—Agus, soy Sara. Tu padre me pidió que te despierte. Desayunarás con los huéspedes porque quiere presentarte a varios de ellos— le explicó con amabilidad la encargada del personal. Sara trabajaba en el hotel desde hacía quince años, era prima de su madre y había asumido un rol de tía con Agustina. Conocía bien a la joven y notó el pésimo estado de ánimo, entonces agregó con dulzura: —Agus, lávate la cara con agua bien fría y ponte linda, ¿sí?
—No estoy de humor para rodearme de desconocidos. ¿No puede presentármelos más tarde?— contestó con desánimo.
—Tienes que acompañarlo. Tu padre quiere que todo el mundo conozca a su hermosa hija. No tardes demasiado en vestirte— puntualizó, suavizando aún más su tono de voz.
Agustina se dispuso sin prisa a prepararse para bajar al comedor del hotel. Ella casi nunca comía allí, lo hacía en la cocina o en su habitación. Sólo los fines de semana, ella y Justino cenaban solos en el distinguido comedor del “Ragguardevole”, cuando finalizaba el horario de los clientes y compartían largas charlas, en su mayoría, plagadas de gratos recuerdos.
Dos horas después, abrumada por la cantidad de gente que le presentó su padre y la que circulaba por todos los espacios del hotel, Agustina decidió salir a caminar y tomar aire.
—Papá, me voy a dar una vuelta. Me llevo el intercomunicador para que te quedes tranquilo. Cuando me canso lo llamo a Sandro para que me busque— le dijo con prisa, deseaba abandonar el bullicio y reencontrarse con su lado solitario.
—Agus, no te alejes demasiado. En cuanto tenga un rato libre quiero explicarte algo importante— le comentó Justino mientras le daba un fugaz beso en la mejilla y se alejaba con paso rápido a cumplir con sus tareas.
—Está bien. Avísame y regreso— respondió tocándose el auricular que tenía colocado en el oído derecho.

Lucas Seagal, todos los días, salía a correr por uno de los pocos espacios donde el smog era reducido: los bosques de Palermo, dentro del Parque 3 de Febrero. Esto era parte de su entrenamiento diario, también lo eran los ejercicios en el gimnasio y las prácticas de artes marciales; de esta manera mantenía su agilidad y musculatura.
Comenzaba su jornada al amanecer y, aún así, la mayoría de los días no le alcanzaban las horas para cumplir con todas sus actividades. En este momento, formaba parte del programa de protección a los directivos de “Baby-Spielzeug” y se encargaba de investigar y controlar a Katsuo Tanaka. Además, el dueño de C.E.S. y él habían organizado la custodia del canadiense que los ayudaría en lo referente a robótica.
Atravesaba días de intensa actividad, al frente de tareas de vital importancia que le demandaban mucha energía y tiempo, pero siempre tenía espacio para pensar en Agustina y en su seguridad. Esa chica solitaria e inteligente lo desestabilizaba; cuando ella maldijo por conocerlo le dio una puntada en el pecho. Él, en cambio, se alegraba de haberla descubierto espiando en el depósito aquella tarde. Al recordar su cuerpo, su boca y su mirada, una sonrisa se dibujó en su acalorado rostro y por pura dicha aumentó la velocidad de su carrera. Agustina despertaba en él sensaciones variadas y desconocidas; ocupaba en demasía sus pensamientos, ninguna otra mujer lo había perturbado así antes.  
Luego de un rato, Fabio detuvo su corrida y continuó caminando para bajar sus pulsaciones y recuperar el aliento. Había llegado la hora de regresar, tenía que asistir a una reunión con Gregorio y primero debía ducharse. Se dirigió al puente que atraviesa el Lago del Rosedal y a unos diez metros de alcanzar su objetivo… su corazón se detuvo por breves segundos. El destino se confabulaba una vez más para que Agustina y Fabio se encontraran."

Les agradecería me dejen una señal de que pasaron a leer, de esta manera me ayudan a inspirarme mejor ;-)
¡GRACIAS POR LEERME!
Saludos a todos.
                                                                                                              Dolly Gerasol