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miércoles, 13 de junio de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio VIII

Hola a todos:

Nuevo episodio de la semana...



Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados-All rights reserved)

Episodio VIII 

"Al pie de las escalinatas, una adolescente vestida con jeans ajustados y una campera abrigada con capucha, mantenía la vista perdida en algún punto a orillas del lago.
Fabio pausó su andar y observó con sigilo los movimientos de Agustina. Apenas la divisó,  supo que era ella, a pesar de no verla con nitidez.
Bajo un cielo abrumado de nubes sus miradas se cruzaron, ella esperó con impaciencia que él llegara a su lado. Tras la discusión acontecida el día anterior, ambos se sentían desanimados. Agustina disponía de mucho tiempo libre por lo que, escasa de distracciones, ocupaba sus pensamientos con cientos de ideas relacionadas con Fabio, las mujeres robóticas y la Convención.
Al concretarse el encuentro, Agustina se mantuvo quieta en su sitio y Fabio saludó con cautela: —Hola. ¿Cómo has estado? 
Se quedó de pie frente a ella esperando impaciente su respuesta, temía que aún siguiera enfadada.
—Hola. No de muy buen humor, pero estoy bien —fue la huraña contestación.
Fabio no pudo evitar el deseo de acercarse más a ella, se agachó y se sostuvo apoyando una mano sobre la baranda, encerrando así a Agus entre el puente y él. El calor que irradiaba el cuerpo de Fabio le brindó a Agus una sensación placentera, aunque opacada por el hecho de sentirse acorralada.
—Agustina, no me sienta bien discutir contigo. Me gustaría que habláramos como adultos civilizados. ¿Pactamos una tregua? —propuso en un murmullo cargado de paciencia.
Levantando con leve reticencia sus ojos hacia él, respondió: —Estoy de acuerdo. Necesitamos estar unidos para compartir información. Me preocupa la seguridad de mi padre y de la gente que trabaja y se hospeda en el hotel. A pesar de que no sé mucho sobre lo que puede llegar a suceder o lo que trama el japonés, tengo un mal presentimiento.
A Fabio lo seguía admirando la intuición de la hija de Justino; realmente contaba con muy pocos indicios para sentirse de ese modo. Tendría que confiar más en ella, a medida que la conocía notaba que no era la adolescente irresponsable que aparentaba ser.
—El misterioso fabricante de juguetes se llama Katsuo Tanaka y a sus mujeres robot, él las llama Kokeshi, que es el nombre de unas muñecas tradicionales de la cultura japonesa. Creyó que la mejor manera de comenzar la tregua era brindándole datos, para que entre ellos pudieran expresarse con propiedad, llamando a los personajes por su nombre.
Agustina se sorprendió ante su muestra de confianza y sonrió, dedicándole una mirada que recuperaba su luminosidad.
—¡Gracias! Me alegra conocer detalles y más aún, saber que confías en mí —dijo mientras sus mejillas se sonrojaban y no a causa del viento frío que soplaba.
A Fabio la expresión de Agustina lo desarmó y teniéndola tan cerca suyo le costaba reprimir las ansias de besar sus delicados labios. Ambos permanecieron unos instantes mirándose y profundizando su percepción del otro. El tiempo parecía haberse detenido y el invierno no podía hacer mella en la calidez de sus cuerpos.
De pronto, un chirrido de cubiertas al frenar y el ruido de un portazo los alertó y los despertó del romántico letargo. Fabio instintivamente se plantó delante de Agustina para protegerla, mientras metía la mano en la mochila que llevaba a la espalda para empuñar su pequeña, pero letal, arma de fuego.
Luego de unos segundos, Agus superó el susto y recordó que había llamado a Sandro para que la pase a buscar; lo había olvidado por completo.
—Tranquilo, Fabio —le dijo posando su suave mano en la de él, para evitar que extrajera lo que fuera que sostenía— Es Sandro, mi guardaespaldas. Lo llamé minutos antes de que tú llegaras.
Fabio se relajó al instante al recordar al hombre serio y responsable que Justino Ferrari definió como su empleado de mayor confianza. Se conocieron dos días antes en la sala de seguridad del “Ragguardevole”, durante la importante reunión celebrada entre los empleados de Justino y los que enviara Gregorio Bermúdez en representación de C.E.S.
Lucas Seagal, como gerente de C.E.S., no quería que Agustina conociera su identidad aún, por lo que, mediante una discreta seña, le indicó a Sandro que no dijera nada.
—Hola, Sandro. ¡Gracias por venir rápido! Me estaba empezando a congelar —dijo con una media sonrisa— Te presento a Fabio Costa… un amigo —puntualizó con cierto titubeo en la voz.
Ambos hombres, disimulando a la perfección, estrecharon sus manos como perfectos desconocidos. A continuación, Sandro ordenó: —Señorita Ferrari, la espero en el coche. Por favor, no demore porque su padre la está esperando. 
Saludó en silencio a Fabio y se dirigió al auto.
Había llegado el momento de despedirse, Fabio estaba llegando tarde a la reunión y a Agus la aguardaba Justino. Se despidieron apresuradamente, pero con cierto pesar.
—Bueno, Fabio. Nos estamos viendo. Ya sabes dónde encontrarme, aunque tú no puedas decir lo mismo —finalizó olvidando por un instante la tregua.
Al notar que podía regresar a la pelea, Fabio revolvió el cabello de la joven y dándole un apresurado beso en la mejilla, se despidió diciendo: —No te preocupes, pronto tendrás noticias mías. 
Mejor corría y se alejaba rápido de allí o no podría contenerse de besar su bonita boca.
Mientras el apuesto hombre que le quitaba el aliento se perdía en la lejanía de una corrida, Agustina caminaba con una sonrisa dibujada en su rostro y su mano acariciando con anhelo el sitio donde él había posado sus cálidos labios."

¡GRACIAS POR LEERME!
Saludos a todos.
                                                                                                              Dolly Gerasol