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miércoles, 27 de junio de 2012

Los juguetes de Katsuo - Episodio X

Hola a todos:

Les traigo un nuevo episodio de mi blog novela. Espero que lo disfruten :-)


Los juguetes de Katsuo/Por Dolly Gerasol (obra provisoria)
(Todos los derechos reservados-All rights reserved)

"Al finalizar la hermosa tarde compartida junto a su padre, Agus llegó para irse directamente a la cama. Esa noche una serie de sueños dispares la mantuvieron con la mente ocupada. En uno ella caminaba entre unos árboles teñidos de ocre junto a su madre; en otro una kokeshi con apariencia de niña se colaba en su habitación y la despertaba con sacudidas (este sueño tal vez provocado por haber visto días atrás en Internet imágenes e información de las tradicionales muñecas japonesas); para contrarrestar este último, soñó que reposaba entre los brazos de Fabio y ambos se besaban con pasión…
Agustina, a la mañana, no recordó con precisión las imágenes oníricas, pero revivió algunas de las sensaciones que éstas le provocaron. Se despertó con sus energías renovadas y decidió recorrer el edificio y saludar a los integrantes de la Convención. Ahora que contaba con un dispositivo traductor para utilizar todo el día, podía dialogar con personas de distintas nacionalidades. Quería enterarse de los avances en las reuniones y de los preparativos para la tan esperada Exposición. Debía manejarse con discreción para no importunar a los huéspedes, para ello aplicaría los conocimientos sobre diplomacia y buenos modos aprendidos desde pequeña.
Después de hablar con unas doce personas, Agus decidió visitar la sala de seguridad. Desde allí observaría a todos sin necesidad de caminar ni de toparse con más gente (ya se había agotado con tanta charla). Se pondría al tanto de las novedades para trasmitírselas a su padre. Dio unos golpes en código Morse (que aunque era viejo seguía siendo efectivo) en la puerta reforzada y respondió al empleado de turno la pregunta de seguridad. Una vez cumplidos los requisitos de acceso entró con lentitud y precaución.
—Permiso. ¿Puedo pasar unos minutos?
—Claro, Agustina. Eres la dueña de todo esto, ¿no? –preguntó con picardía uno de los hombres más jóvenes del plantel, quien tenía veintitrés años.
—Pablo, estás de turno… Pensé que iba a ahorrarme la molestia de encontrarme contigo –comentó Agustina fingiendo fastidio.
A pesar de conocer a Pablo desde hacía seis meses, confiaba en su seriedad y honestidad, era el hijo de un antiguo guardaespaldas del hotel. El señor Longhini se había jubilado hacía dos años, después de prestar servicios en el “Ragguardevole” por quince años.
Mientras bromeaban e intercambiaban novedades, ambos no dejaban de prestar atención a las diferentes pantallas, que reflejaban las imágenes que trasmitían las cámaras colocadas en diversos puntos dentro y fuera de las instalaciones.
Los encargados de proteger el hotel, conocían a todas las personas que se hospedaban en él: a través fotografías y detalles personales. Esta información les facilitaba la detección de actividades sospechosas o peligrosas.
Pablo le contaba lo que sabía acerca de quienes ella señalaba en alguna que otra pantalla. Agustina podía chequear los expedientes ella misma, pero era más cómodo escuchar a Pablo relatándole lo que sabía. Asimilaba con entusiasmo todo lo que el joven le explicaba, hasta que alguien sentado en uno de los sillones del hall de entrada llamó su atención. Agustina sintió un escalofrío recorrer su espalda y se quedó petrificada observando y señalando el monitor.
—Agustina, ¿qué tienes? ¿Por qué te quedaste dura?
Pablo en su confusión frente al cambio brusco de actitud de la adolescente, se puso de pie y la tomó por los hombros para que reaccionara ante sus palabras y dijo: —Agus, soy yo Pablo. Dime algo…
Agustina no podía creer que el sujeto que le ponía la piel de gallina con sólo nombrarlo, estuviera alojándose en el hotel. Con un leve tartamudeo respondió (más para sí que para el preocupado empleado): —El señor Ta-Tanaka se hospeda a-aquí…
—Así es, está instalado desde el día de la copa de recepción. ¿No lo habías visto?
— ¿Te parece que me pondría así si lo hubiera sabido antes? –contestó con exasperación la joven.
—Oye, tampoco te pongas tan malhumorada. Es uno más de la Convención. Aunque es uno de los motivos por los que tu padre contrató a la empresa de Bermúdez –comentó Pablo despreocupadamente, como si no acabara de revelarle a la hija de su jefe información que Justino le había ocultado.
La cabeza de Agustina comenzó a trabajar a cientos de revoluciones por segundo, procesando lo que había descubierto en tan sólo cinco minutos…
—Pablo, si ves alguna actividad sospechosa por parte de este sujeto avísame. Ahora será mejor que me vaya, tengo muchas cosas en las qué pensar. Gracias por tu paciencia
—Bueno, cómo tú quieras… Lo vigilaré con más atención que al resto si tú me lo pides –aseguró, dedicándole una sonrisa seductora y bromista a la vez, lo que le garantizó un buen manotazo en el brazo por parte de Agustina.
—No te pases de listo. Nos vemos luego.

Agustina estaba entre preocupada y enojada. No le agradaba que Katsuo los tuviera a todos al alcance de la mano. Por otro lado, su padre le había ocultado lo que sabía acerca de Tanaka y eso la fastidiaba.
Tendría que espiar los movimientos del japonés y asegurarse de que ninguna de sus Kokeshi pasaba más tiempo del esperado dentro de las instalaciones, algo le decía que ellas tenían habilidades peligrosas. Debía averiguar cuanto antes si Katsuo se hospedaba solo o con alguna de las mujeres robotizadas.
Agustina caminaba distraída por uno de los alfombrados pasillos cuando se topó con un hombre joven, que ocultaba su rostro tras unos anteojos de sol envolventes y una gorra negra con visera. Ella por cortesía saludó con un movimiento de cabeza. El sujeto apenas le prestó atención y siguió su camino. La chica continuó sus pasos un metro, luego se frenó y giró para seguirlo, la actitud del sujeto parecía sospechosa. Tres minutos después, alcanzó a ver que el extraño se perdía dentro de la sala de seguridad de la que ella había salido recientemente. “Si accedió a ella es porque conoce las claves de acceso, seguramente es un empleado de Bermúdez”, pensó Agus con cierto alivio y retomó su camino directo a donde se encontraba su padre, para decirle que le presente a ese hombre que formaría parte del plantel del “Ragguardevole” por el tiempo que durara la C.I.F.J.
Mientras Agustina se alejaba, Lucas Seagal entablaba una conversación de rutina con Pablo Longhini, chequeando juntos la nueva información y los sucesos del día y manteniendo su profesional serenidad, a pesar de haber estado a punto de ser descubierto por la preciosa hija de Ferrari. Sabía que tarde o temprano ella se enteraría de su verdadera identidad, pero previendo su enfado, Lucas esquivaría el encuentro cuanto pudiera.

Katsuo Tanaka había elegido Buenos Aires para poner en marcha su proyecto porque la Exposición se realizaría allí, pero cada día que pasaba en esa ciudad se lamentaba por no haber optado por otro lugar. La gente allí era cálida y afectuosa, a pesar de que se vivían tiempos de extremo individualismo e inseguridad, por lo que las reuniones de varias personas eran escasas a menos que se realizaran de manera virtual y esto llevaba a que el contacto directo entre ellas se concretara en contadas ocasiones o en lugares privados. No era conveniente demostrar interés más allá de lo profesional con los demás porque no se podía confiar demasiado en ellos. Aunque claramente en ese país, o al menos en esa ciudad, los seres humanos aún se relacionaban con calidez. Para un hombre frívolo y carente de sentimientos afectuosos, estar allí era un incordio. Salía de su habitación sólo cuando sus tareas lo requerían y dialogaba únicamente con quienes estuvieran en la Convención o con sus Kokeshi; a sus guardaespaldas casi no les dirigía la palabra, al menos que fuera para darles una orden específica que no pudieran comprender por señas y si necesitaba alguna atención concreta de parte del servicio del hotel, que no pudiera seleccionar con una tecla del teléfono, la solicitaba con una escueta llamada.
Esa mañana, se encontraba en el hall del “Ragguardevole” esperando a dos de sus chicas, las había mandado a llamar porque quería que lo acompañaran a la reunión que se celebraba ese día. Katsuo estaba muy nervioso porque hoy se premiaba a las empresas líderes en ventas de los últimos tres años. Katsuo anhelaba ese premio, pero a pesar de los esfuerzos realizados, no confiaba en que lo recibiría. El día anterior había estado a punto de ser penalizado por un par de acciones deshonestas. Si no hubiera alterado el software que contenía los informes de los auditores, ahora estaría pagando la cuantiosa multa de penalización y perdiendo puntos en el ranking de empresas, como había sucedido tres años antes en Caracas, Venezuela. Una de las cualidades de sus Kokeshi era el alcance que tenían sus habilidades tecnológicas, a pesar de estar ubicadas a tres cuadras del hotel, sus dos chicas más jóvenes (construidas hacía tres años) habían realizado el trabajo a la perfección, sin dejar huellas. Sólo las caras perplejas y confundidas de los auditores revelaron que algo no estaba bien en los informes, pero no tenían manera de probar la falla. Katsuo había localizado el servidor donde se almacenaba la información general de la Asociación Mundial de Jugueteros y antes de que llegaran a Argentina, sus Kokeshi dedicaron varios meses a encontrar el modo de hackear el casi infalible sistema de seguridad de la Asociación para luego borrar la copia de seguridad.
Lamentablemente para Katsuo, no se podía modificar el ranking que lo llevaría a ganar un premio, ya que no tenía pruebas sustentables para merecerlo. Los premios eran discutibles y apelables al momento de otorgarse, lo que podía echar por tierra la premiación si se dudaba que la empresa en cuestión lo mereciera. Katsuo suponía que en la próxima Convención se tomarían las mismas medidas al presentarse los informes de auditoría, pero por ahora estaba a salvo, dentro de tres años vería qué solución encontraba si descubrían sus faltas."

¡Gracias por leerme!
Saludos  a todos.
                                                                                                                     Dolly Gerasol